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Hank Williams, uno de los más grandes del country, recuperado en un tributo discográfico. Marzo 2002

 

Vive deprisa, muere joven…

Recientemente se ha puesto a la venta “Timeless”, un disco homenaje a la figura de Hank Williams en el que algunas de sus canciones son interpretadas por artistas de la talla de Beck, Johnny Cash, Dylan, Emmylou Harris, Mark Knopfler, Keith Richards, Tom Petty o Keb’ Mo’. El momento es ideal para repasar la figura de este legendario músico de la mano de uno de los mejores conocedores del country en nuestro país: Manolo Fernández.

La década de los 30 fue extraordinariamente creativa para el country and western. La industria evolucionó rápidamente y los cruces estilísticos empezaron a fertilizar. Aunque la entrada de los Estados Unidos en la II Guerra Mundial supuso una cierta interrupción de esa marea creativa, los cimientos eran sólidos. Los aparatos de radio ya estaban en el 82% de los hogares americanos, las emisoras comerciales se habían triplicado, las de las fuerzas armadas programaban fundamentalmente country music y, en cuanto al cine, Republic Studio en Hollywood realizó una película sobre el Opry. El país necesitaba sólo una superestrella. Era el momento de que apareciera Hank Williams.

El primer día de 1953 es encontrado muerto en la parte de atrás de su Cadillac en West Virginia. Se dirigía a un concierto que debía celebrarse en Canton, Ohio. El certificado de defunción oficial habla de un ataque cardiaco como la causa de su muerte, aunque la mayoría cree que fue por las drogas y el alcohol. Tenía veintinueve años y daba la impresión de estar literalmente gastado. Hank Williams había cumplió la profecía de su último single en vida: “I’ll never get out of this world alive” (“Nunca saldré de este mundo vivo”).

Pero había dejado una herencia impresionante a  la música popular de su país y muy especialmente al country. Tal vez por eso, tres días después de encontrarle sin vida, más de 25.000 personas asistían al funeral en Montgomery, Alabama, en cuyo cementerio Oakwood Annex está enterrado. Por otra parte, con Hank Williams se tuvo una imagen muy distinta del estrellato y para ello esta vez sí se hace preciso conocer una parte de su corta biografía.

Nacido cerca de Georgiana, al Oeste de Mount Olive, Alabama, el 17 de septiembre de 1923, Hiriam Hank fue el segundo niño de Lon y Lillie Williams. Lon, un veterano de la I Guerra Mundial, estuvo hospitalizado durante la mayor parte de la juventud de Hank, con lo que la educación del muchacho quedó en manos de su madre. Siempre fue pequeño y frágil, además de padecer una espina bífida, y es más que posible que se inclinara por la música como una alternativa a los deportes. Viviendo en Georgiana se hizo buen amigo de Rufus Payne, un músico callejero negro conocido como “Tee-Tot” y del cual aprendió toda la música de que fue capaz en sus pocos años de vida. Son muchos los que pensamos que Payne fue el hombre que inyectó esa tristeza que siempre caracterizó las canciones de Williams. Y “Long gone lonesome blues” es uno de los mejores ejemplos.

A los 16, viviendo ya en Montgomery, Alabama, Williams dejó la escuela y empezó su carrera musical en serio. Había ganado un concurso amateur interpretando “WPA blues”, que él mismo había compuesto, y apareció por primera vez en la emisora WSFA, una de las radios más populares para los músicos, a finales de 1936 o comienzos del 37. Era habitual de las fiestas locales y los conciertos regionales, donde aparecía con su propia banda, a la que puso de nombre Drifting Cowboys. Su madre conducía el vehículo en que viajaba el grupo y cobraba a la entrada.  A comienzos de los años 40 era uno de los más atractivos shows de la zona y había llamado la atención de artistas y ejecutivos de Nashville. Pero a su reputación como cantante se emparejó la de ser tan inseguro como bebedor. La mayoría consideraba que ése no era el mejor camino. 

En 1943 Hank se encontró con Audrey Mae Sheppard Guy, una country girl de Alabama que siempre estaba acompañada de su hija de dos años, Lucrecia, de un matrimonio anterior. Audrey aprendió a tocar el contrabajo y empezó a ejercer como gerente. Se casaron en diciembre de 1944 y Audrey hizo todo lo posible por convertirse en cantante, intentando incorporarse a los conciertos cada vez que podía. Sin embargo, su ambición era muy superior a su talento, rivalizando con la madre de Hank en las cuestiones artísticas y siendo ella la que acompañó al artista a Nashville en 1946, cuando se encontró con Fred Rose. 

Rose, formando sociedad con  Roy Acuff, tenía una editorial hillbilly de amplio reconocimiento (Acuff-Rose, convertida con el paso del tiempo en uno de los gigantes de la industria). Al principio sólo estaba interesado en Williams como compositor (de hecho Hank había empezado escribiendo canciones para poder seguir cantando y tocando la guitarra y vendiendo songbooks en sus apariciones en los clubs). Sin embargo, en su primer año de relación profesional, Rose había apoyado las ideas del artista y le facilitó el poder grabar cuatro canciones para el sello Sterling Records en una histórica sesión celebrada el 11 de diciembre de aquel año.

En un acuerdo diseñado por Rose, Hank Williams  firmó con MGM en marzo de 1947. “Move it on over” fue su primer disco en la compañía MGM y su primera entrada en las listas de Billboard, continuando en abril del año siguiente con “Honky tonkin”. De vuelta a su hogar en Montgomery, Williams parecía estar en la mejor disposición para el estrellato; su popularidad regional era mayor que nunca, apuntalada por el éxito discográfico. Pero él había entrado en una dinámica que se repetiría hasta el final de sus días. La mayor parte de las veces se presentaba totalmente borracho a sus conciertos y resultó cada vez más difícil que sus mejores amigos estuvieran a su lado. Muchos, incluso Fred Rose, se rindió ante tal frustración y Audrey presentó demanda de divorcio a finales de abril.

Su historia pudo acabar fácilmente ahí, pero el matrimonio se reconcilió, la relación con Rose se enmendó y éste decidió buscar una mayor resonancia para su artista. La gente del Opry era muy cauta, pero la emisora KWKH de Shreveport, en la pantanosa Louisiana, estaba interesada en que Hank se incorporara a su programa estrella de los sábados por la noche, el “Louisiana hayride”, debutando el siguiente mes de agosto. “A long gone daddy” había alcanzado número 6 recientemente, pero sus siguientes cuatro discos ni tan siquiera entraron en las listas y un quinto, “Mansion on the hill”, no llegó al Top 10. Los 50.000 vatios de la KWKH estaban consiguiendo que Williams sonara por todo el este del país cada noche del sábado, pero sus grabaciones no terminaban de despuntar. ¿Había alcanzado su techo? ¿Era, al fin y al cabo, sólo una estrella de medios pelos? 

 

Casi cincuenta años después, en una industria donde los ídolos del presente no tienen casi ninguna consistencia histórica, es difícil de imaginar una canción que permanezca en las listas durante cincuenta y cuatro semanas, dieciséis de ellas en la cima, poniendo de acuerdo a todos los oyentes de radio. Lo curioso es que ninguno de los que pertenecía al círculo de Hank Williams quiso perder el tiempo en grabar “Lovesick blues”. Dijeron que la canción conseguiría dañar aun más la carrera del artista. Pero insistió tanto que se grabó en dos tomas rápidas al final de una sesión. Publicado en febrero de 1949, llegó al primer puesto el 7 de mayo de aquel año, justo diecinueve días antes del nacimiento de su hijo Randall Hank Williams, más conocido como Hank Williams jr.. “Lovesick blues” se convirtió en un éxito popular inimaginable, difícil de creer. De repente, Hank Williams pasó a ser grande, tan grande que, por fin, el Opry se fijó en él.

En una noche tan calurosa como la del 11 de junio de 1949, Hank Williams, con su imagen frágil, hacía su debut en el Ryman Auditorium de Nashville consiguiendo un éxito sin precedentes, tanto que tuvo que hacer hasta seis repeticiones. Atrás quedaban casi diez años de lucha por conseguir su sueño. Por delante, poco más de cinco para convertirse en leyenda y en modelo para los innumerables artistas que vinieron después. 

Con el éxito aumentó la libertad creativa. Sus composiciones para el gran público le iban sumamente bien, pero también quiso probar con el gospel y una serie de recitados bajo un seudónimo tan transparente como el de “Luke the Drifter”. Como escritor, Williams  parecía a menudo preocupado por la mortalidad y las relaciones humanas; su matrimonio con Audrey estaba por entonces en una situación especialmente crítica y quienes le conocían podían ver el reflejo de esos sentimientos en canciones como “You’re gonna change (or I’m gonna leave)”, “Why don’t you love me” y “Cold, cold heart”, que Tony Benett convertiría en un éxito de pop. Era un hombre mostrándose tan real que cualquiera podía apreciar sus debilidades. Hank Williams no tenía que "interpretar" las canciones más tristes: sólo tenía que cantar lo que sentía. 

Durante un tiempo, la fama y la fortuna pusieron freno a las temidas consecuencias de un estilo de vida autodestructivo. A mediados de 1952, sin embargo, su vida volvió a dar un giro trágico. Audrey le había pedido de nuevo el divorcio y el artista se refugió en el alcohol y la morfina. Demasiado bebido y separado de la realidad como para actuar, se despidió del Opry y regresó al “Louisiana hayride” de Shreveport. Pero ya estaba absolutamente fuera de control. Ni siquiera su matrimonio en octubre de aquel año con la joven Billie-Jean Jones Eashlimar (conocida artísticamente, tras contraer matrimonio con Johnny Horton, como Billie Jean Horton) retrasó su precipitado hundimiento.

Tres de sus grabaciones alcanzaron la cima de las listas el mismo año de su muerte (“Kawliga” y su cara B, “You’re cheatin’ heart”, además de “Take these chains from my heart”); y otras dos llegaron al Top 10 (“I won’t be home no more” y “Weary blues from waitin’”). Pero en el 54, su voz terrenal se había silenciado. Aquel hombre joven y frágil de Alabama era sólo una leyenda e incluso los vecinos de Montgomery instituyeron el 25 de septiembre como el “Hank Williams day”. En noviembre de 1964 se estrenaba en la misma ciudad la película “You’re cheatin’ heart”, protagonizada por George Hamilton en el papel de Hank Williams. Tres años antes se convirtió en el primer miembro de la Country Music Hall of Fame, junto a Jimmie Rodgers y Fred Rose. En sus pocos años de éxito espectacular había cambiado la música country para siempre y su legado musical le ha convertido en su piedra angular.

Era un prolífico compositor de canciones, uno de los más finos artistas sobre un escenario y la imagen romántica de aquellos duros tiempos. Sin él es muy posible que la música country nunca hubiera trascendido de la forma en que lo ha hecho. Hank Williams puso al country and western en el mapa y cualquier músico contemporáneo que se precie debe remitirse a su persona para poder explicarse. Los distintos formatos del pop tienen claro que no se pueden entender sin su existencia. Tras su muerte, artistas como Ernest Tubb, Webb Pierce y Lefty Frizzell siguieron sonando con fundamentos de honky-tonk, con Eddy Arnold y Marty Robbins como continuadores.

Resulta curioso, por tanto, que un artista que tuvo en las raíces vaqueras el único argumento válido para nacer musicalmente renegara de ese estilo durante una década y media a costa de la intransigencia de su manager, el coronel Tom Parker. Era Elvis Presley. Y es aquí donde no podemos olvidar a Sam Phillips, el creador de la mítica Sun Records, que había confiado en artistas como Johnny Cash, Jerry Lee Lewis, Carl Perkins, Roy Orbison o Elvis para crear un híbrido en el que se fundían el country, el bluegrass, el rhythm'n'blues, el rockabilly y el boogie-woogie determinando lo que más tarde se llamaría pop music.

En marzo de 1975 la versión de Linda Ronstadt a “I can't help it (If I'm still in love with you)” se quedó en el segundo puesto de las listas de country. Cinco años después, Charley Pride conseguía, por fin, situar una versión de un tema de Hank Williams en el número 1 con la realizada a “Honky tonk blues”, el primer single de su álbum de homenaje al artista titulado “There's a little bit of Hank in me” (1980). Hank Williams jr., Glen Campbell y Ray Price eran algunos de los artistas que lo habían hecho con anterioridad.

Siempre ha sido admirado por todos. A finales de septiembre de 1996 se inauguraba una exhibición de muchos de sus objetos personales organizada por la Country Music Hall of Fame and Museum junto al vocalista Marty Stuart llamada “The treasures of Hank Williams”. Allí podía verse una Packard Limousine de 1948 con la que recorrió los Estados Unidos junto a los originales Drifting Cowboys y condujo a su familia para actuar en el Grand Ole Opry, así como trajes, instrumentos, fotos familiares y correspondencia personal. Buena parte de este último material fue proporcionado por su hermana Irene, que desarrolló una estrecha amistad con Marty Stuart. Además, las dos cadenas televisivas de country music suelen emitir programas especiales dedicados a su figura, así como multitud de emisoras de radio. Su distribuidora discográfica, Mercury Nashville, puso en el mercado todo su catálogo  y editó dos nuevos productos: “The legend of Hank Williams: Audiobook with music” (leído por Sammy Kershaw) y “Low down blues”, una recopilación de dieciséis temas del género. Curb Records aprovechó para publicar un álbum en el que intervienen Hank Williams, Hank Williams jr. y Hank Williams III (para quien es su debut discográfico) con el nombre de “Three Hanks: men with broken hearts”, donde la moderna tecnología permite a las tres generaciones familiares unir sus voces en una serie de dúos, tríos y solos imposibles.

Coincidiendo con la celebración del que hubiera sido su 75º cumpleaños, Mercury Nashville publicó 10.000 unidades numeradas donde se incluyen todas las sesiones de grabación del artista en MGM y Sterling y más de ciento treinta grabaciones no pertenecientes a esas sesiones y a tomas de radio y televisión. El paquete contenía también dos libretos con fotos inéditas, letras escritas a mano, añadidos originales y portadas de LPs. Se incluyeron textos de personas que lo conocieron, como Chet Atkins, Emmylou Harris, Kris Kristofferson, Van Morrison, Minnie Pearl, Charley Pride y Lucinda Williams. También hay un extenso recorrido por su vida desde 1923 a 1953.

Hank Williams tenía algo especial que le hizo trascender. Podía interpretar sus canciones de una forma sincera y honrada que las hacía creíbles. Sin duda, es uno de los más grandes cantantes de la historia de la country music. 

Manolo Fernández

Varios. “Timeless”. Lost Highway

Inglish

Born in Mount Olive West, Ala., on Sept. 17, 1923, Hiriam "Hank" Williams was the third child of Lon and Lillie Williams. Lon, a World War I veteran, was hospitalized during most of Hank's early life, leaving the boy's upbringing to his

if strong-willed mother. Small and fragile from the beginning (and afflicted with spina bifida), Hank may well have gravitated toward music as an alternative to sports. While living in Georgiana, Ala., he befriended Rufe Payne, a black street musician known as "Tee-Tot." Years later, Hank would say that Payne had given him "all the music training I ever had," and most biographers consider Payne the source of the noticeable blues thread running through Hank's music.

At 16, living in Montgomery, Williams quit school and began his music career in earnest. He made his first radio appearance on WSFA in late 1936 or early 1937 and soon became one of the station's most popular performers. He also worked beer joints and regional shows with his band, already named the Drifting Cowboys. Lillie drove the group to venues in her station wagon and collected gate money. By the early '40s, Hank was one of the biggest draws in the region and had come to the attention of several Nashville artists and music business luminaries. But his reputation as a singer was already matched by the one he'd built for drinking and unreliability. Most considered him an unsafe bet.

In 1943 Hank met Audrey Mae Sheppard, an Alabama country girl with a

two-year-old daughter, Lycrecia, from a failing marriage. Audrey learned to play stand-up bass, well enough anyway, to play in the band, and began acting as manager. Audrey and Hank were married in December 1944. She desperately craved a singing career, pushing for inclusion in the show at every chance. Her ambition, however, far exceeded her talent. Audrey would vie with Lillie for Hank's attention throughout the relationship. In 1946 she accompanied her husband to Nashville to meet publisher Fred Rose.

Rose, in a partnership with Roy Acuff, ran a successful "hillbilly" publishing concern (Acuff-Rose, later a giant in the industry) and at first was interested in Williams only as a writer. (Hank had begun writing songs shortly after he started singing and playing guitar and sold songbooks at his club appearances.) Within the year, however, Rose had made Hank's singing career a pet project and arranged for him to record four songs for the Sterling label in December 1946.

In March 1947, in a deal engineered by Rose, Hank signed with MGM. "Move It On Over" was his first MGM release and his first Billboard chart entry. He charted again in April 1948, with "Honky Tonkin." Back home in Montgomery, Hank seemed poised for stardom; his regional popularity was higher than ever, bolstered now by his recording success. But he had entered the low arc of a cycle that would haunt him for the rest of his days. More often than not, he showed up drunk (if at all) for live appearances and was increasingly difficult for even his best friends to be around. Many, including Rose, gave up in frustration. Audrey filed for divorce in late April. With the big-time nearly in his grasp, Hank

Williams was bottoming out.

Hank's story could easily could have ended there, but the Williams reconciled, the relationship with Rose was mended, and Rose set about finding an avenue for greater exposure for Williams. Decision makers at the Opry were still wary, but KWKH in Shreveport, La., was interested in the emerging star for their Saturday night jamboree, the Louisiana Hayride, and Hank joined the show in August. "I'm a Long Gone Daddy" had recently reached No. 6, but his next four releases failed to chart, and a fifth, "Mansion on the Hill," stopped short of the Top 10. KWKH's 50,000 watts were beamed into living rooms all across the Southwestern U.S. every Saturday night, but his records were falling flat. Had he peaked? Was he, after all, only middling star material?

Nearly 50 years later, in a world where today's icon is tomorrow's

inconsequential, it is difficult to imagine a song so igniting radio listeners that it holds the top spot on the charts for sixteen weeks. No one in Hank's circle wanted him to waste time or tape on "Lovesick Blues." The song was a throwaway, they said; a piece of fluff that was more likely to damage his career than enhance it. Hank was insistent, though, and the song was given two quick passes at the end of a session. Released in February 1949, it was No. 1, and more, by early May. "Lovesick Blues" was an "event;" popular beyond precedent, imagination or belief. And suddenly, Hank Williams was big. Big enough at last for the Opry.

With success came increased creative freedom. Hank's "mainstream" songwriting and recording efforts continued to do extremely well, but he also delved into remorseful gospel themes and a series of recitations under the transparent pseudonym "Luke the Drifter." Hank the writer often seemed

preoccupied with mortality and the futility of human relationships, his marriage to Audrey was now in steady decline, and those who knew him could easily see the real-life parallels in songs like "You're Gonna Change (Or I'm Gonna Leave)" and "Cold, Cold Heart." Clearly, here was a man displaying his demons for all to see. Hank didn't have to "interpret" sad songs; he had only to sing from his heart.

For a time, fame and fortune staved off the consequences of his self-destructive lifestyle. By mid-1952, however, his life was coming apart at the seams. Wracked with back pain, he was dependent on alcohol and, it is believed, morphine. Often missing or too drunk to perform at curtain time, he was fired by the Opry. Audrey again filed for divorce, and Hank headed back to Shreveport and the Hayride. In his final weeks, Hank spun hopelessly out of control. Even his marriage to pretty young Bilie Jean Jones couldn't slow his headlong plunge. Sometime after midnight on New Year's Day 1953, sleeping in the backseat of his Cadillac en route to a show, Hank Williams fulfilled the prophecy of his own "I'll Never Get Out of This World Alive."

Three of Hank'srecordings reached the top of the charts in the year following hisdeath. By 1954, his earthly voice silenced, the fragile young man fromAlabama was only a legend. But in his last few torrid years, he hadchanged country music forever and his musical legacy remains itscornerstone.

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