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Inicio arrow Misticismo arrow Evangelio del Cosmos 29 mayo 2017
Evangelio del Cosmos Imprimir E-Mail
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Evangelio del Cosmos
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REGLA   ÁUREA

Cristianismo
... "Todo cuanto quieras que los otros hagan por ti, tu debes hacerlo para los demás..."

Confucionismo
"No hagas a los otros aquello que no quieres para ti."

Budismo
"De cinco formas un verdadero líder debe tratar a sus amigos y demás personas; con generosidad, cortesía, benevolencia, dando lo que de él esperan recibir y ser tan fiel, como sus palabras lo expresan."

Hinduísmo
"No hagas a los demás, aquello que si te fuera hecho a ti, te causaría dolor."

Islamismo
"Ninguno podrá ser creyente hasta que ame a su hermano, como a sí mismo."

Sikhismo
"Juzga a los demás, como lo haces contigo mismo. Entonces participarás del Cielo."

Jainísmo
"Tanto en la felicidad, como en la infelicidad, en la alegría como en el dolor, necesitamos mirar a todas las criaturas, como nos miramos a nosotros mismos."

Zoroatrismo
"La Naturaleza sólo es amiga, cuando hacemos a los demás, aquello que es bueno para nosotros mismos-"

Taoísmo
"Considera las ganancias y las pérdidas de tu vecino, como si fueran tuyas."

Judaísmo
"No hagas a tus semejantes aquello que a ti te resulta doloroso."
 



ORACIÓN

Yo no soy mi cuerpo físico,
Yo no soy los deseos que lo afectan,
Yo soy la mente;
Yo soy la Divina Llama
Dentro de mi corazón,
Eterna, Antigua, Sin Comienzo
Y sin Fin.
Más radiante que el Sol,
Más pura que la Nieve,
Más sutil que el Éter,
Es el Espíritu el Yo,
El Ser dentro de mi corazón.
Yo soy ese Ser; ese Ser soy Yo.

(Poema de GEOFFREY HODSON)
 
PREFACIO

Estimados lectores:


Entregamos a vosotros estas sencillas páginas de comunicaciones trascendentales, en donde Ramatís no pretende agregar algo nuevo, sublime o inigualable al contenido del Evangelio, que de por sí es capaz de transformar al hombre en ángel y fue plasmado a lo vivo por el estoicismo, sacrificio y fidelidad por el Cristo Jesús. Jamás alguien pudo efectuar cualquier corrección o adicionar, con éxito, alguna interpolación personal o histórica en el deslumbrante e inmodificable Evangelio; además, agreguemos 1, que es el verdadero Código de ascenso y evolución espiritual. Conforme dice Ramatís, "Una vírgula extraída o insertada en ese compendio de quimismo divino, enseñado a lo vivo por Jesús, sería lo mismo que sacar de plomo la pared de la vieja catedral".
Sin embargo, existe una gran diferencia entre agregar "algo" más a lo que dijo Jesús hace dos mil años, en su Evangelio, y el estudio sincero y apasionante de los razonamientos que el mismo encierra, y además, justifica el querer saber el porqué Jesús entregó tan elevado mensaje. Se abren nuevos caminos para nuevas auscultaciones espirituales sobre esa elucidación divina para el terrícola, inclusive una ilación más exotérica de los motivos que fueron ocultados en aquella época, pero que actualmente pueden ser aclarados, entendidos y meditados en el siglo XX. El hombre moderno se encuentra más capacitado para activar su raciocinio sobre el área de la Vida Inmortal, y a su vez, posibilita un nuevo enfoque, tal vez más íntimo y perspicaz sobre las excelsas enseñanzas de Jesús.
Rajo la vestimenta poética de las parábolas y de los conceptos evangélicos trascendentales, se encuentra el sublime mensaje espiritual, que expone directrices morales para el espíritu encarnado; y aún más, se encuentra oculta una realidad científica del Universo sintetizada en el microcosmos de la obra humana. El terrícola, a pesar de su primitivismo e ignorancia tradicional sobre el Espíritu Inmortal, ya se muestra más sensible e ingenioso para percibir las bases creativas y científicas de la vida. Es capaz de comprender que el sublime e indestructible edificio del Evangelio, es la miniatura de las leyes que rigen al Cosmos.
Aunque nuestra simple argumentación no pueda realzar un poco más la belleza eterna del Evangelio, del Cristo Jesús, sin embargo, insistimos en recordar a la humanidad afligida e insensata, que ha de ser destruida por sus propios inventos mortíferos y por la eclosión indisciplinada de las fuerzas desintegradoras de la vida humana, siempre que sigan ignorando la ruta salvadora del "Evangelio".
Las parábolas, los conceptos y las normas de ese maravilloso mensaje, son autenticas condensaciones de las leyes cósmicas del Universo. Jesús, además de ser un avanzado psicólogo sideral, instructor moral y maestro espiritual de nuestra humanidad, posee el más alto índice de conocimiento y experiencia científica que gobierna a vuestro mundo. Bajo la simplicidad de la poesía y el encanto conmovedor de sus parábolas palpita el "micro-esquema" de las leyes y los principios fundamentales del Cosmos, al igual que la energía eléctrica de elevado voltaje se va graduando sensiblemente hasta cumplir con la necesidad de la simple lamparilla que ilumina el modesto cuarto. Hay un ritmo, una dinámica y cadencia poco común en la exposición evangélica, que demuestra a los espíritus sutiles la miniatura de la legislación creativa y cósmica. Las mismas leyes que rigen el inmensurable metabolismo del Universo, están genialmente sintetizadas en los conceptos y parábolas inolvidables de Jesús, así como la contextura gigantesca del roble se miniaturiza potencialmente en el crecimiento de la pequeña semilla.
A través de las palabras tiernas y llenas de esperanzas del Cristo Jesús, fluye la fuerza del Verbo de la Creación. Por eso, el Evangelio no es un tratado rígido de virtudes salvadoras, ni un simple manual CÍVK O para mantener una conducta espiritual; ante que nada, es un compendio de las leyes para el perfeccionamiento de la Vida Inmortal y la metamorfosis del hombre para transformarse en ángel.
El Evangelio, como su nombre lo indica, es el "Camino" que reconduce a la criatura hacia la intimidad del Creador, y lo integra en la vida auténtica de las leyes que son la manifestación de la "Verdad". Esa criatura va alcanzando un mayor grado de conciencia, debido a la angelización paulatina que la introduce en el eterno metabolismo para la Vida Inmortal. A medida que el hombre amplía su conciencia, debido a la constante penetración en la vida oculta espiritual, también adquiere una mejor noción de existir y, por lo tanto, alcanza una mayor comprensión sobre Dios. Es un hecho real, porque la Divinidad vibra en la intimidad de la criatura humana. Desde los tiempos inmemoriales, los magos, iniciados y sacerdotes esotéricos enseñaban constantemente los preceptos de que el "macrocosmos" está en el "microcosmos", y "lo que está arriba, también está abajo", paralelamente al concepto del Génesis, que dice así: "El hombre fue hecho a imagen de Dios".
Por analogía, un átomo en constante expansión podría desenvolver sus elementos constitutivos hasta volverse semejantes a los astros de una constelación astronómica; el hombre, "creado a imagen de Dios", también usufructúa la gracia de poder expandirse y sintonizarse a una mayor área del Creador. Bajo la indefectible belleza mística y moral del Evangelio, se oculta el cientificismo irrevocable de las leyes mayores del Universo, por cuyo motivo, se justifica el concepto esotérico de que "el reino de Dios está en el hombre". La pulsación divina palpita constantemente en la conciencia espiritual del hombre y le provoca los fundamentos creadores de la individualidad, sin desvincularlo de Dios, a la vez que lo libera del yugo educativo de la materia para integrarlo definitivamente en la paz y ventura eterna.
Ojalá el lector comprenda que en esta sencilla comunicación a través de un mediador humano, Ramatís únicamente pretende servir y advertir, y que vale la pena que el hombre viva integrado a las enseñanzas del Cristo Jesús, porque esos preceptos de moral sideral son la miniatura del metabolismo del Creador del Universo.

NAVARANA
Curitiba, Marzo 8 de 1974

 
PREÁMBULO

Mis Hermanos. Paz y Amor.

El ciudadano terrícola está alcanzando el fin del segundo milenio, y es arrojado sobre las crestas de las ondas embravecidas de una civilización electronizada, asistida por computadoras y "robots", y deslumbrada por el transplante de órganos como admirada por la conquista de la luna. Infelizmente, no duda que se encuentra al borde de la implacable destrucción provocada por los excesos de ambición, ateísmo, orgullo e inmoralidad- El hombre moderno sólo se preocupa por la salud de su cuerpo y trata de sacarle al máximo el goce y los placeres ilusorios, aunque todavía no sabe quién es, de dónde viene y hacia dónde va. Sólo le preocupa vestir bien? comer mejor y divertirse. Epicúreamente, activa los deseos y vive muchas de sus indisciplinadas emociones, pero sin conseguir liberarse de la atracción de las sensaciones. A través de una vida desnaturalizada y sin control sensorial, confundiendo la explotación indiscriminada de su cuerpo carnal con la verdadera vida humana, el ciudadano terrícola vive sumiso al primarismo de una existencia física sin poder encontrarse con la realidad del espíritu inmortal. Abusando de la mediocridad y transitoriedad de los placeres carnales, camina entontecido hacia la tumba, asemejándose al turista que porta su máquina fotográfica y binóculos colgados de su cuello, que toma paisajes y edificaciones de las grandes ciudades para él desconocidas, pero no le produce ninguna transformación intima-Gracias a la casi milagrosa evolución de la ciencia y la técnica, el hombre terreno alcanza, en la actualidad, el máximo en lo que se refiere al empleo de los sentidos y emociones. Eufórico por los adelantos modernos, que le proporcionan el exceso de confort y goce material, que le satisfacen sus exigencias epicúreas del organismo, se envanece por la facilidad y rapidez con que se mueve entre los polos antípodas y latitudes geográficas más alejadas de su mundo. Seguro de que dispone de un poder incomún, entonces olvida a Dios e ironiza la ternura comunicativa del Cristo Jesús que lo invita amorosamente a la vida espiritual. Disfruta de los países bonitos y panorámicos que observa desde la altura de un avión jet; desayuna en Nueva York, almuerza en Lisboa y cena en París, pero, infelizmente, continúa estático en relación a la evolución de su espíritu inmortal.
Gracias a los recursos mágicos de la televisión retransmitida por los satélites en órbita, el hombre percibe instantáneamente los progresos del arte moderno, de los más recientes descubrimientos científicos, de los propulsores conceptos de la filosofía y potencializa su cerebro por las constantes revelaciones de la cibernética; mientras tanto, aún no sabe explicar porqué existe. Paradójicamente, arregla inmejorablemente el medio externo donde vive, multiplicando conocimientos e inventos de la vida transitoria y no logra liberarse de la condición de títere, preso en los cordeles del instinto.
A pesar de encontrarse en la era de las computadoras y de la conquista de la luna, además de la manifestación de ideas y conceptos incomunes que consagran a los genios, filósofos y científicos de elevado renombre, el hombre civilizado y orgulloso del siglo xx todavía no pudo librarse del rígido esqueleto del troglodita. Se mueve en el escenario del mundo actual, como ciudadano bien acondicionado, pero de su intimidad surge a cada instante el ser prehistórico. A pesar del esfuerzo desesperado que realiza para adaptarse a las reglas, convenciones sociales y costumbres que rigen a la vida civilizada, dos tercios de la humanidad terrícola todavía actúa en forma cruel, brutal, indisciplinada, deshonesta e imbécil, cuyas características son similares a1 sus antepasados de las cavernas.
Aunque el hombre terrícola manifieste tener sentido superior de la justicia, promueva y alcance progresos en la filosofía y psicología en favor de la mente humana, detente poderes técnicos y científicos que parecerían sobrepasar las facultades mágicas de las hadas y de los genios de antaño, sin embargo, no pasa de ser un desventurado carnicero que tritura la carne humana en los charcos de las luchas fratricidas, para defender retazos de paños patrióticos y límites de tierra que sólo pertenecen a Dios. En su insania mental y primitivismo espiritual, los poderes públicos arrebatan y seleccionan a los jóvenes y más saludables de su nación, después los uniforman y los someten a entrenamientos específicos de belicosidad y terminan enviándolos a los campos de exterminio, para someterlos a la cruenta carnicería que ha de sustraerles las manos, los brazos o los pies, deformándoles sus caras y vaciando sus ojos, o desfigurándoles la fisonomía que Dios modeló para reflejar la sabiduría y la ternura del alma eterna.
Después de las luchas sangrientas, donde matan y estropean a los hombres sanos, otros hombres vestidos de blanco se apresuran a retirar a los mutilados del matadero fratricida, y en una tarea piadosa y casi sacerdotal, les ajustan los brazos, piernas y manos, substituyéndoles los auténticos por otros miembros artificiales y genialmente electronizados. Los más desgraciados y víctimas de la ceguera, les colocan ojos de vidrio, tan perfectos, que hasta parecen "naturales"... ¡Y, a los infelices de carnes atrofiadas, huesos fracturados y nervios lesionados, les injertan tejidos y trozos de piel de las partes menos visibles del cuerpo humano!.
Sin duda alguna, las criaturas que se encuentren a la altura de la era paleolítica, son capaces de practicar esa insensata y cruel actividad enfermiza de movilizar la materia prima humana, en perfecto estado de salud, para después exponerla a las bombas y metrallas fratricidas, transformándola en complejo teratológico, que más tarde vivirá y caminará por el centro de las grandes ciudades, cual muestra del alcance y evolución de la técnica moderna. Desfigurados a propósito por los imperativos de la guerra, la "mejor" juventud de un pueblo se transforma en harapos vivos, ¡recompuestos por la medicina!... En la era prehistórica, los monstruos antediluvianos eran cazados y destruidos por los trogloditas expertos y valerosos; hoy, entre los hombres del siglo XX, a pesar de tener una civilización milenaria, del advenimiento de la cibernética y del control atómico, sus hermanos son cazados y triturados fácilmente bajo las patas de los monstruos modernos, que además vomitan fuego y plomo pulverizándolos en pocos instantes. La vida humana en medio de la civilización aún es tan insegura y precaria, que hasta un paranoico fustigado por delirios mesiánicos podría exacerbar las pasiones belicosas de un pueblo, y aumentar el índice demográfico de la población mutilada y teratológica, resultante de los mataderos fratricidas 1.
Pero, conforme a las profecías bíblicas que anunciaban el "Fin de los Tiempos", desde  Isaías, Miqueas, Job, Malaquías, Daniel, Ezequiel, Juan Evangelista y el mismo Jesús, incluyendo también los profetas modernos como Santa Odila, el Cura de Ars, Catalina Emmerik, el campesino Maximino, el profeta Frau Silbiger, Paracelso, Madre Shipton e Izgur, hasta el famoso vidente Nostradamus, cuyos tiempos profetizados ya está viviendo la actual humanidad, encontrándose en el más grave y espinoso examen de su conducta espiritual.  Día a  día,  conforme citan las profecías bíblicas, la Administración Sideral del orbe juzga a los "vivos" y a los  "muertos", es decir, a los encarnados y desencarnados, promoviendo a dos grupos distintos de espíritus. A la derecha del Cristo, símbolo del Amor, se sentarán los buenos, cuyos espíritus "heredarán la tierra", una vez depurada y verticalizada, retornando en futuras reencarnaciones, a fin de apresurarse en  las ciencias y en  las artes, para  poder demostrar  su potencialidad divina. A la izquierda, se colocarán los dos tercios de almas, integradas por los malos, o los citados bíblicamente como los lobos o yuyo, en fin, los reprobados en el "Juicio Final", y que deberán emigrar hacia otro planeta, donde podrán recomenzar sus lecciones hasta alcanzar el grado de altruismo, exigido para habitar mundos pacíficos, sanos y venturosos. Los "de la izquierda" del Cristo son criaturas indisciplinadas, perversas, avarientas, orgullosas, egoístas, tiránicas, lujuriosas, hipócritas y vengativas. Deberán encontrarse en el ambiente del mundo primario donde irán a habitar, siéndoles sus condiciones apropiadas para dar cabida a sus insanias, maldad y violencia, como lo hacen actualmente en la tierra. Bajo la Técnica Sideral que se denomina "los semejantes curan a los semejantes", los exiliados de la tierra encontrarán la cura espiritual bajo el signo de las mismas pasiones, torpezas y vicios, que tanto usan y abusan en estos momentos. Mientras tanto, el "pueblo de Dios", que será probado, estará conformado por las criaturas pacíficas, amorosas y humildes, incapaces de tener deseos de pillajes y venganzas. Aunque todavía no sean personas santificadas, sin embargo integrarán las falanges de los "de la derecha" del Cristo, debido a sus buenas intenciones y redoblados esfuerzos por seguir en el camino del Bien.

1 Es evidente que Ramatís se está refiriendo a los tipos megalo maniáticos como Hitler, Mussolini y tantos otros que arrastran a su pueblo a la destrucción  e  infelicidad  humana.
Realmente, esos tipos de ciudadanos adulterados por los vicios, estigmatizados por las pasiones desenfrenadas de una civilización cada vez más epicúrea, se transforman en pesadas cargas para los bien intencionados. Cultores de doctrinas excéntricas, negativistas y sensualistas, que ironizan la mansedumbre y la humildad de los seguidores del Cristo, operan negativamente en el plan evolutivo del planeta tierra, debiendo ser apartados de las almas que aún confían en Dios y en el Mensaje del Evangelio. Es una consecuencia ecológica, similar al proceso de las hierbas dañinas, cuando invaden la buena siembra, debiendo el jardinero apartarlas de las plantas útiles a fin de preservar la especie superior.
En verdad, la actual civilización terrena ya alcanzó el grado de su capacidad creadora en el trato con las formas materiales, y en la realización de modelar las instituciones socioculturales, pero, aún permanece espiritualmente inmadura, asemejándose al hombre de las cavernas. Los hombres actuales, mentalmente se asemejan a los monos que viven en un palacio de cristal, cuya belleza no la perciben y su objetivo ignoran, siendo su verdadero estado el vivir en la selva inhóspita y primitiva. Por eso, deben ser devueltos con urgencia al antiguo ambiente de la vida salvaje, para que puedan exponer con amplia libertad sus instintos inferiores. Imposibilitados de poder adaptarse a las responsabilidades morales y a los objetivos de una vida espiritual superior, la ley de la evolución los vuelve a colocar nuevamente en la cuna de la civilización. Los hombres aún son criaturas triviales y con hábitos primarios, que requieren su pronto retorno a las cavernas paleolíticas, como hijos pródigos que regresan para convivir con su antigua parentela.
Es visible en la actual humanidad el sintomático movimiento de retorno mental, en donde dos tercios de la humanidad vuelven a retomar viejos hábitos, gustos y preferencias infantiles y anacrónicas, ¡confundiendo instintividad con novedad! Imposibilitados de presentir el equilibrio y la armonía para la futura humanidad, seleccionada a la derecha del Cristo, sólo resta a esos retardatarios del progreso espiritual en el trato con la materia, el retorno saludable a la edad de piedra, a cuya forma de vida están íntimamente ligados y familiarizados. La sintonía expresiva de ese primarismo,  en donde cierto  porcentaje de la  humanidad  terrícola parece haber alcanzado un límite de sus posibilidades evolutivas, se observa, poco a poco, en todas las actividades actuales, inclusive en sus exteriorizaciones mentales, aunque se encuentren disfrazadas con los recursos y costumbres modernos. Se acentúa el mal gusto por lo aberrativo y grotesco, el culto incondicional al lenguaje escatológico, y se admite como novedad la "palabrota", que antes era un derecho expresivo de los delincuentes, sin educación de ninguna especie. La poesía, la literatura, la cinematografía y el teatro son exaltados con motivos impúdicos y sexología deformante; las pinturas se asemejan a caricaturas primarias, saturadas de tintas llamativas, a pesar de manifestar en sus bases el primitivismo infantil, utilizado en las grutas prehistóricas; la escultura moderna, a pesar de ser un sofisticado mensaje esotérico o investigación inusitada, nos recuerda el mal aprovechamiento dado a la materia prima, conseguida en una subasta pública, cuya finalidad es aprovecharla ya que fue conseguida en forma conveniente y económica. La música preferida es disonante e histérica, sin melodía ni inspiración, cuyo fondo sonoro trae aparejado el ritmo salvaje, la gritería de los contorneos musculares de los viejos indios, cuando danzaban en son de guerra. Se admite como auténtico y estético, la libertad sobre las prácticas sexuales, debilitando costumbres e interiorizando niveles sociales, lo que es pura libidinosidad, dado que ninguna trata de exponer en publico las necedades fisiológicas, ¡lo que también no dejaría de ser un culto por lo auténtico! Astros de la TV y de la cinematografía hacen confesiones extemporáneas y escandalosas, demostrando sus preferencias pervertidas y condenables, que terminan consagradas por la prensa y el pueblo. Es la figura del Anticristo, modelada por la turba subvertida y licenciosa, que al exponer en público sus bajezas pecaminosas, lanza un desafío vengativo contra el mensaje de pureza y moral del Evangelio pregonado por Jesús.
La índole primaria del hombre, que se cobijó en el progreso de las formas materiales pero que se estancó en su conciencia espiritual, lo conduce de vuelta a sus viejos hábitos, preferencias y costumbres familiares. Así, en la era de los veloces automóviles, se fomenta y promueve la competencia de los vehículos tirados por animales, o aquellos deportistas excéntricos, que promueven excursiones y paseos en globos estratosféricos, ¡cuando el cielo se ve continuamente cruzado por jets! La bicicleta, la calesita y el paseo a caballo son entretenimientos para la playa, "picnics" y excursiones para el interior, que proporcionan un nuevo goce a las-criaturas cansadas de la vida motorizada. Los niños, saturados de los juguetes electrónicos, donde todo se encuentra realizado, que les priva del espíritu creativo, se vuelcan a jugar con barcos de vela, diligencias, soldaditos de plomo, muñecos de paño y artefactos de madera. La propia arquitectura, una vez pasada la fiebre de lo "funcional", va tomando tendencia y entusiasmo hacia los proyectos para los edificios y residencias, hacia el viejo estilo colonial, y tal vez, muy pronto, pasaran al estilo medieval. Las construcciones de aspecto macizo, con pocas ventanas y puertas faltando aire y luz, cuyos antihigiénicos ambientes funcionan con aire acondicionado, parecen un calco del gusto primitivo del hombre de las cavernas. Los muebles son otro de los gustos que manifiestan el retroceso hacia la época de Don Juan VI y Luis XV. Hasta los antiguos relojes "cu-cu" y muñequitas bailarinas que danzan a la hora o la media, se acentúan cada vez más en los hogares terrenos, mientras que las antiguas cajitas musicales de tanto éxito en los siglos anteriores, vuelven a ser moda, y con el entusiasmo de las cosas nuevas. Siendo así, no pasará mucho tiempo para que la vieja cítara, el arpa y el bandolín, deban suplantar nuevamente al piano moderno en los conciertos sociales y serenatas. Por otra parte, va en aumento, la antigua novedad de las propagandas cinematográficas al aire libre y en los frentes de los edificios, y es muy probable, ¡que ha de retornar el coro y la banda de música en la plaza pública!
Después del uso de las ropas excesivamente livianas y modernas, se vuelve a estimar el uso de la ropa de cuero con aplicaciones metálicas. Aparecen los zapatos con hebilla y tacos altos, así como también la mujer se sirve de las botas altas o inedias, tal como sucedía en la Edad Media, cuyos habitantes las usaban para protegerse en las calles de piedras irregulares o enlodadas. Los hombres retornaron a usar el cabello largo y poblada barba, cuyo aspecto configura algo del ciudadano prehistórico. De ahí el gusto primitivo por los llamativos dijes y collares de hierro, metal, loza o conchillas de mar, cinturones de cuero y metal, anillos de piedras vulgares pero relucientes, en franca competencia con los indígenas. Sin lugar a dudas, el hombre no demorará en estar a la "moda" usando la peluca, mientras que las mujeres se entusiasman por los peinados a la "Pompadour" y el "maquillaje" que hizo suceso en el viejo Egipto, en Francia, Roma y Grecia en los tiempos donde primaba la barbarie. Y como en el "Fin de los Tiempos" es época de los extremos más contrastantes, las mujeres se visten de la cabeza a los pies, haciendo caso a la moda decretada por los afeminados costureros, e inmediatamente concurren las playas para demostrar la desnudez salvaje, ¡apenas protegidas por una minúscula bikini!
En verdad la marcha retroactiva hacia las cavernas se refleja también en los conflictos populares y en los procedimientos policiales del mundo; bajo el ataque de los estudiantes rebeldes v armados de palos y piedras, las policías europea v asiática se defienden protegidas con armaduras y escudos a "la romana". Algunos de los bárbaros castigos del pasado vuelven a ser retomados por los jueces modernos, como sucede en Nigeria. Uganda y otras unidades africanas y asiáticas, los cuales se habían superado: como son, cortar las manos de los ladrones, quitar los oíos a quienes prestan falsos testimonios, castrar a los delincuentes sexuales o castigar injustamente a los parientes del criminal. Tal vez, por fuerza de ese atavismo mental de la era paleolítica, es que los médicos, abogados, magistrados, profesores, psicólogos y hasta sacerdotes insisten para que se implante la pena de muerte que fuera eliminada clamorosamente por ser un castigo bárbaro e inútil.
Sin lugar a dudas, la tierra está cansada de aguantar en su seno a una humanidad tan feroz, sensual e interesada, que después de alcanzar el límite de su capacidad creadora, se vanagloria con la fiebre de producir armas atómicas genocidas y bombas incendiarias, que son capaces de arrasar su propia morada. El planeta suspira para librarse de esa carga demente y destructora, que lo transforma en un escenario de experiencias ruinosas y tétrico matadero, que vierte la sangre creadora en el suelo y lo transforma en pozos de líquido repugnante. Los terrícolas, para cumplir con sus días educativos en la materia, saltan de sus camas para matar, destruir, robar, tiranizar y prostituir. En consecuencia, Dios está obligado a seleccionar a la actual humanidad, optando por la solución sensata y lógica que es exiliar hacia otro mundo físico, a esa multitud de almas psicopatológicas, sádicas y masoquistas, que contrarían y desafían a la legislación divina.
De ahí entonces que la Suprema Ley convocó la presencia de todos los infractores y marginados encarnados y desencarnados, a fin de explicarles su acción lesiva en el orbe terráqueo y su rechazo en cumplir con los principios y los estatutos de la vida superior. La humanidad terrícola está alcanzando el final de su curso primario iniciado hace 28.000 años, en la Atlántida, por lo cual, se encuentra en las puertas de la más severa y aflictiva "prestación de cuentas" ante el tribunal divino de su propia conciencia. En base a ese profético "Fin de los Tiempos", que promueve y reajusta al planeta y a su humanidad, el mismo será elevado a un grado superior de educación espiritual, pero destinado únicamente a los espíritus aprobados en el actual "Juicio Final", en total procesamiento. Considerando que todo examen sobre tal o cual materia se elige por medio de una bolilla en el "sorteo", para comprobar la capacidad de los examinados, desde la época de Jesús, ese tema fue anunciado por Juan Evangelista, en forma cabalística y que es fácil de reconocer como la "Bestia del Apocalipsis".
Bajo el ardiente impacto de la fuerza telúrica de la carne, activada por el erotismo animal, los disciplinados y limpios se elevarán por encima de los apetitos, vicios y sentimientos malsanos, propios de la vida instintiva, mientras que serán reprobadas las criaturas sumergidas en el lodo de las pasiones violentas e indisciplinadas, necesitadas del baño catártico espiritual en el caldo de cultura de una vida planetaria, semejante a su propia frecuencia vibratoria e instintiva.
Ojalá las páginas sedativas, amorosas y liberadoras del Evangelio del Amado Maestro Jesús todavía puedan inspirar a muchos terrícolas para detener sus pasos a la orilla del abismo, librándolos de la trágica emigración hacia un mundo inferior, inhóspito y salvaje donde la insania, la brutalidad y la crueldad justifican aquel concepto evangélico, que así advierte a través de Juan: "Y aquellos que no se encuentren en el Libro del Cordero, serán arrojados en el tanque de azufre y en las regiones donde sólo se escucha el crujir de los dientes".
De ahí entonces que, bajo esa advertencia atribuida al Señor, se podrá comprender que las criaturas carentes de las virtudes señaladas en el Evangelio del Cristo Jesús, serán exiliadas hacia un mundo expiatorio, simbolizado por el "tanque de azufre", es decir, un orbe tan primario y salvaje, cuya vida cruel, violenta e indisciplinada de la animalidad, se encuadra perfectamente en la descripción del "crujir de los dientes", que es la característica de la vida inferior.

RAMATÍS

Curitiba 30 de Marzo de 1974


 
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