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¿Existe El Alma?
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¿EXISTE EL ALMA?


EL ALMA

Eneste artículo se habla del alma, que es algo muy serio. En la teologíacatólica, y también en la filosofía, la palabra alma significa elelemento espiritual que informa al cuerpo humano (elemento material);constituyen ambos una unidad substancial que es la persona humana. Elalma es espiritual, individual e inmortal, y ha sido creadainmediatamente por Dios, en cada persona; no procede -como el cuerpo-por vía de generación, de los padres.

La palabra "alma" -dice elautor del texto que se publicó en la revista Nuestro Tiempo (nº 603,IX-2004)- encierra el misterio de la vida y sus sorprendentespropiedades; el misterio del más allá y las aspiraciones humanas másprofundas; y el misterio de la conciencia humana, de la inteligencia yla libertad. La palabra "alma" indica también a la persona, al serespiritual, querido por Dios y constituido, por su amor, como uninterlocutor para siempre. El alma humana no es un duende, ni una cosaque esté en el hombre, ni una parte del hombre. Es el sujetoespiritual, con su forma y sus propiedades, la persona querida porDios. Todo esto es lo que lleva dentro la palabra alma.

por Juan Luis Lorda, Prof. de Teología Dogmática y Antropología, Universidad de Navarra
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Conlas grandes palabras, especialmente si tienen mucho uso, hay que tenercuidado. Porque a medida que pasan de boca a boca y de mente a mente,se confunden, pierden sus conexiones con la realidad y flotan en elmundo de las ideas como globos a la deriva. Sugieren demasiadas cosas ala vez. Para trabajar con las grandes palabras, hay que anclarlas en larealidad: acudir a los lugares originales de donde procede su sentido.

Lapalabra alma es una palabra enorme, un globo gigantesco. Muy venerable,porque está relacionada con lo más sublime. Pero también pintoresca,cuando la mentalidad popular se la representa como un duende dentro delhombre. Una cultura tan científica como la nuestra no está paraduendes. Entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem (Ockham: "nohay por qué admitir más cosas que las necesarias"). Chesterton oTolkien protestarían al unísono, y defenderían también la necesidad delos duendes, precisamente para contrarrestar una visión exclusivamentecientífica del mundo. Pero yo me voy a limitar a defender la existenciadel alma.

Si comenzamos preguntando por lo que evoca la palabra,flotaremos. Tenemos que tomar tierra y relacionar la palabra con larealidad. En su origen, la palabra "alma" está relacionada con tresexperiencias humanas muy importantes. La primera es el misterio de lavida y la diferencia entre la vida y la muerte. La segunda es lapregunta por el más allá, y en concreto por la supervivencia personal.La tercera se refiere a lo característico del espíritu humano , a lavida de la inteligencia y al ejercicio de la libertad y de lacreatividad. No se trata de duendes.

La vida tiene unamaravillosa riqueza de propiedades. Hay muchos cuentos donde losprotagonistas se suben a una roca y resulta ser un elefante o creenllegar a una isla y se encuentran sobre el caparazón de una tortuga.Desde luego, en los cuentos y en la realidad, hay mucha diferenciaentre subirse a un montón de tierra o a un elefante. El elefante o latortuga pueden hacer cosas que no cabe esperar de la montaña o la isla.

Elniño que está entusiasmado con su perrito se llevará un disgustoterrible si se le muere: se acabaron los juegos, se acabó el correr, seacabó esa mirada y los saltos de alegría cuando vuelve a casa. Al tocarel cuerpo frío del animal, notará la diferencia. Se asomará a latragedia de la muerte, a esa amenaza tan tremenda para lo vivo. Elcuerpo inmóvil que tiene delante, parece el mismo, pero ya no es elmismo. Ha dejado de estar animado: ha perdido la vida. En este primersentido, alma es lo mismo que animación. Todo lo vivo está "animado".Es lo que se ve a simple vista.

Como vivimos en una sociedadilustrada por los conocimientos científicos, ya no podemos quedarnoscon lo que se ve a simple vista. Sabemos mucho más sobre la realidad.Esto es una ventaja, pero también un inconveniente. Desde luego, sabermás, es siempre una ventaja. El inconveniente consiste en que elconocimiento de los detalles puede impedirnos la visión de conjunto.Los árboles pueden ocultarnos el bosque: el bosque sólo se ve a simplevista, sin análisis.

La materia

La mentalidad científicamoderna es, en mucha parte, "constructivista" , perdón por la palabra.Es decir, entiende que explicar una cosa es lo mismo que decir cómoestá hecha, cuáles son sus componentes y como se combinan. Desde luegouna gran parte de la ciencia moderna, la química, la física atómica yla biología, han progresado a base de analizar los compuestos yencontrar los elementos y su estructura. Esto lleva a que muchaspersonas con mentalidad científica al ver la realidad, piensen siempreen su composición. Ven un mineral y recuerdan de qué está compuesto.Ven un árbol y recuerdan sus estructuras. Y lo mismo al ver un perro ouna persona. Hoy sabemos que, con diferentes grados de complejidad,todo está compuesto de los mismos elementos de la tabla periódica quepuso en orden, hace más de cien años, Mendeleiev (+ 1907).

Cuandouna persona con mentalidad científica ve que muere un animal o unapersona, piensa en las alteraciones orgánicas que se han producido yque hacen imposible la vida. Tiene razón: para explicar la muerte bastafijarse en la alteración de los componentes orgánicos. El problema esque, cuando ven un ser vivo o a una persona piensan que está vivo sóloporque está construido con estos componentes. Y lo ven como si fuerauna enorme estructura bioquímica que funciona ordenadamente. Muchosdirán que, "en el fondo", es una aglomeración de materiales quefunciona gracias a las propiedades físicas y químicas de sus elementos.Y aquí no tienen razón. O, por decirlo mejor, tienen sólo una partepequeña de razón. Porque esta explicación es muy reductiva: oculta elmisterio de la vid a. Es como si dijéramos que El Quijote es unconjunto ordenado de letras o una casa un conjunto ordenado demateriales de construcción. Es verdad, pero ocultamos mucha más verdadde la que decimos.

Ningún materialista aceptaría de buen humorque le cambiaran a su hijo por un cubo de agua y un saquito de polvo.Y, sin embargo, es verdad que, desde el punto de vista de losmateriales, el hijo es, "en el fondo", como toda la materia viva, 80por ciento de agua y unos pocos kilos de calcio, carbono y otroselementos químicos. Si fuera consecuente con lo que piensa, tendría queaceptar el cambio sin pestañear. Pero algo nos dice que no aceptaría. Yhace bien. Quizá defienda en teoría que es lo mismo, pero no seatreverá a vivir como si fuera lo mismo. Sólo unos pocos canallas en lahistoria han sido capaces de ser consecuentes hasta el final. Los demásse han sentido paralizados por sus sentimientos humanitarios, por suintuición espontánea sobre las cosas. Es que algo no cuadra. Quizá losárboles nos ocultan el bosque.

La forma

¿Por qué lamateria organizada y en funcionamiento es más que la materia suelta?Plantearse la pregunta así, honradamente, ya es un gran paso, casi unavoltereta, porque nos puede llevar a ver las cosas al revés. Pero es laúnica manera de defender que el hijo "es más" que el cubo de agua y elsaquito de polvo.

Bien mirado, es asombroso que la naturalezaresulte ser como un inmenso juego de construcción, con tantacomplejidad y con tantísimas propiedades. Esto lo entienden mejor losaficionados a las arquitecturas y los mecanos. Hay muchos juegos deconstrucción muy buenos. Y se pueden hacer muchas cosas con piezassimples. Aunque, desde luego, no tantas cosas como las que hace lanaturaleza. No se vende ningún juego con unas piezas tan polivalentes,capaces de formar tan sorprendentes estructuras.

No existe unjuego que permita construir un perro ni nada parecido. Hay mecanos quepermiten construir coches. Te dan las piezas y los planos para ponerlasen su sitio. Si tienes imaginación, puedes construir también cosas queno están previstas en los juegos de construcción: palacios estupendos omecanismos curiosos. Caben variantes sin límite, infinitas. Sólo estáslimitado por las posibilidades de las piezas. Pero ningún juego dearquitectura permite construir, por ejemplo, un motor de explosión. Laspiezas no tienen las propiedades mecánicas y térmicas necesarias.

Situviéramos piezas de metales muy resistentes y con la forma adecuada,podríamos acoplarlas y hacer un motor de explosión. Pero sólo si tienenla forma adecuada. No sirve cualquier pieza. Para hacer un motor deexplosión, primero necesitamos la idea del motor de explosión y luego,con poca libertad, podemos hacer las piezas. Lo curioso es que aquívamos en sentido contrario que el análisis científico normal. Noexplicamos el motor por las piezas que lo componen, sino al revés: lascaracterísticas de las piezas se explican porque las necesitamos parael motor. Lo que manda es la idea del motor.

Sería ridículoexplicar el motor de explosión diciendo que es una acumulación depiezas. Antes que nada, el motor es una idea. Podemos hacer las piezascon distintas formas y materiales, pero tenemos que respetar la idea.Se da la curiosa circunstancia de que las propiedades del motor deexplosión son propiedades de la idea del motor , no de las piezas. Laspiezas sueltas no tienen esas propiedades: si alguien las vierasueltas, no podría deducir las propiedades del motor. Sólo cuando estánunidas según la idea del motor, tienen las propiedades del motor. Elmotor tiene más propiedades que las piezas.

Las personas conmentalidad exclusivamente científica están acostumbradas a explicar lavida por sus elementos. Y dicen que todo es, en el fondo, unacombinación de piezas elementales con propiedades elementales. Todo lode arriba se explica por lo de abajo; y, en el fondo, se reduce a lo deabajo. Lo verdaderamente real es lo de abajo.. Esto lo dicencientíficos serios (S. W. Hawking, S. Weinberg, F. Crick) y tambiénotros (C. Sagan, E. O. Wilson, R. Dawkins) que se dedican a ladivulgación de la ciencia y a la extrapolación (a veces incontrolada)de los conocimientos. Pero es un reduccionismo , tan grande comoexplicar una casa sólo por sus ladrillos o El Quijote por sus letras.

Esmás: pudiera ser muy bien que el mundo se explicara al revés, como elmotor. Que las características de las piezas elementales se expliquenpor las ideas superiores. Puede ser que haya que comprender loselementos de la materia como las piezas de algo superior , que tienemuchas más propiedades que las piezas. Si no, no se puede justificar laextraordinaria capacidad y polivalencia de este juego de construcción.

Esinteresante notar que las ideas, las formas tienen propiedades (elmotor de explosión). Aprovechan las propiedades de sus componentes,pero se comportan como un conjunto que tiene más propiedades que suscomponentes. En la misteriosa diferencia entre lo vivo y lo muerto,sucede esto, con un nivel de complejidad fabuloso. Lo vivo, con todo elorganismo en su sitio, tiene muchas más propiedades y muy superiores alo no vivo. A esto, se le llama, a veces, emergentismo (M. Bunge):aunque la palabra sugiere una dirección de abajo arriba.

Quizáhaya que dar la vuelta. Quizá sea más sensato pensar que los elementosde la materia son, en realidad, las piezas de lo vivo. Si la idea de lovivo no estuviera de alguna forma prevista en el juego de construcción,¿cómo se va a producir ese enorme salto hacia arriba? En los juegos deconstrucción, nunca se producen estos saltos de calidad. Y menos porcasualidad. Si metiéramos millones de piezas de arquitectura, en unahormigonera y dieran vueltas durante miles años, se produciría de vezen cuando un trozo de pared, pero nunca un castillo y mucho menos uncaballo. Por más vueltas que demos. Y si metiéramos canicas, nunca seproduciría nada. No hay problema en admitir que la forma de un montónde tierra se ha producido por casualidad. Pero parece absurdo decir quela forma de los seres vivos se ha producido por casualidad. Las formassuperiores tienen que estar previstas de alguna manera en el juego;tienen que ser posibles. ¿No habrá que pensar el mundo desde arriba enlugar de pensarlo desde abajo?

El espíritu

Los seresvivos son seres animados. Y con esto se expresa toda su capacidad deobrar, de moverse, de conservarse en unas condiciones, de protegersedel medio, de alimentarse y de reproducirse. Hay un salto enorme entrelas propiedades de lo vivo y lo que no está vivo. No sólo de orden decomplejidad, de cantidad de materiales puestos en su sitio. Es que,además, hay "ideas nuevas", formas superiores, con propiedades nuevas.A medida que subimos por la escala de la vida, nos encontramos con unaconducta cada vez más compleja e interesante. Una conducta que no seexplica por las piezas, que siempre son las mismas, sino por las formasque integran las piezas.

Y llega un momento en que nosencontramos con otro salto. El nuestro. Cuando escalamos la vidaorgánica, en el nivel más alto nos encontramos con la conciencia. Yentramos en un terreno increíble. Estamos acostumbrados. Ese es elproblema. Vivimos ahí y todo lo contemplamos desde ahí. Nuestraconciencia tiene propiedades completamente sorprendentes, pero no nosllaman la atención, porque estamos acostumbrados a ellas.

En laconciencia, se dan tres propiedades concatenadas: la inteligencia, lalibertad y la causalidad espiritual o creatividad. Nuestro yo tiene lastres propiedades a la vez. La inteligencia es la capacidad de conocer ypensar con ideas abstractas. La libertad (voluntad) es la capacidad dediseñar la conducta concreta al pensarla en abstracto. La causalidadespiritual o creatividad es un efecto de todo esto. Por el dominio quetenemos sobre nuestra inteligencia y nuestro cuerpo, podemos interveniren el mundo físico. Nos movemos en él, cambiamos las cosas de sitio,manejamos herramientas y construimos. Con esas propiedades, el serhumano ha transformado la superficie del planeta. Todo lo que vemosalrededor, todo lo que es la cultura humana, ha nacido de ideasmanejadas por nuestra conciencia y ejecutadas moviendo nuestras manos(y herramientas) con un plan diseñado libremente.

Nos parecenormal. Pero, si lo pensamos científicamente, es extraordinario.Nuestra capacidad de formar, transmitir y manejar ideas es un misterio.También lo es nuestra capacidad de concretar previendo y diseñandonuestra conducta (libertad). Y también lo es nuestra capacidadoperativa: es decir, que la conciencia mueva la materia, empezando pornuestro propio cuerpo y nuestras manos. Si hemos estudiado física,sabremos que, después de un esfuerzo de investigación gigantesco, hemosllegado a la conclusión de que todo lo que sucede en el universo sedebe a la acción de cuatro fuerzas elementales. Pues bien, además delas cuatro fuerzas, está nuestra conciencia que es capaz de mover uncuerpo, el nuestro, y, a través de él, con herramientas, todo lo demás.

El sujeto

Hoysomos más conscientes de lo misterioso que es todo esto cuando queremoshacer ordenadores que imiten la conducta humana. Nos tropezamos con quelos ordenadores no pueden formar ideas ni entienden las palabras(inteligencia), y no son capaces de decidir una conducta concreta apartir de ideas abstractas (libertad). En cambio, son capaces de movercosas. Un programa de ordenador, que es algo así como un poco deinteligencia condensada (ideas, formas), es capaz de obrar, siguiendoun proceso. Por supuesto que obra de una manera muy rudimentaria y sincreatividad. Tampoco tienen las delicadas relaciones con el cuerpo quenosotros tenemos: no tienen emociones. Y desde luego no tienen sentidoestético; no tienen sentido del humor; no tienen sentido de lajusticia; y no pueden amar al prójimo como a uno mismo. Esto son sólopropiedades de nuestra conciencia.

Un ordenador es sólo unprocesador de programas. Los ordenadores siguen procesos, pero no"entienden" las ideas ni las palabras, sólo las usan. No hay un "yo"que entienda. No hay un yo que forme ideas, que obtenga analogías, quepase de lo concreto a lo abstracto ni de lo abstracto a lo concreto. Nohay un yo que entienda y piense en abstracto, que obtenga analogías ylas cambie de plano. No pueden aprender en abstracto y usar lo que haaprendido en otro contexto, de manera analógica. Y, como no manejanideas en abstracto, tampoco pueden concretar pensando (libertad): nopueden decidir, no pueden ser creativos, no pueden enfrentarse aproblemas nuevos. Son un conjunto de piezas montadas, con una idea deconstrucción y algunas ideas prestadas de funcionamiento. Son capacesde ejecutar procesos pensados por otros. Pero no hay un sujeto, no hayun protagonista, no hay un yo que sepa lo que está haciendo.

Encambio, cada uno de nosotros somos un sujeto. Nuestras operacionesespirituales, la inteligencia, la libertad y la causalidad espiritualtienen un sujeto y nos convierten en sujetos. Obramos como un sujeto.Es un modo peculiar y distinto de estar en el mundo. Seres que piensan,que entienden, que extraen experiencia y conocimiento, y que puedenobrar abriendo caminos. Por eso, cada hombre es una singularidad en elmundo , que no está explicado por su entorno y que no se puede reducira sus piezas. Es un centro de operaciones en el universo, creativo yautónomo, con un universo mental dentro de la cabeza. Un universomental capaz de transformar el mundo físico con ideas y acciones.

Lafilosofía griega, desde Platón, ya se dio cuenta de este argumento: elsujeto humano hace operaciones inmateriales y, por tanto, no esmaterial. El proceso de formación y uso de las nociones abstractas(ideas) no es material; el uso de la libertad, que permite trazar uncamino concreto pensando en abstracto no es material y contradice eldeterminismo de la materia; la causalidad de la conciencia, que operalibremente sobre el cuerpo, no es material. El comportamientoinmaterial, nos señala que el sujeto es inmaterial. En los demás seresvivos, no hay sujeto, no hay espíritu, sólo hay una forma conpropiedades espectaculares, una forma que se desvanece cuando secorrompe el cuerpo (aunque la idea permanece, porque se puede repetir).Pero el ser humano no es sólo una idea, una estructura repetible, sinoun sujeto inmaterial y autónomo. Y como es inmaterial, no se puedecorromper, tiene que ser inmortal. Este es el argumento clásico de laespiritualidad humana que han usado todos los espiritualistas, desdePlatón hasta Bergson, pasando por Santo Tomás de Aquino o Descartes.

Combinandoelementos de las filosofías de Platón y Aristóteles, Santo Tomás dedujoque el alma es, a la vez, el sujeto espiritual (Platón) y la forma delcuerpo (Aristóteles). Es una fórmula feliz, aunque, para entenderlabien, hay que hacerse una idea de lo que significa el sujeto espiritualen Platón y de lo que significa la forma en Aristóteles. Otrospensadores modernos han recurrido a algunas analogías más o menosfelices, para señalar la diferencia entre alma y cerebro. Eccles yPopper, decían que es como el piano y el pianista. Pero es sólo unejemplo. El piano puede ser una prolongación del cuerpo, pero no es elcuerpo. Todas las analogías son defectuosas porque el caso de larelación del alma y el cuerpo es único. Tenemos una forma con un nivelde unidad y de estructura tal, que tiene la propiedad de ser un sujeto;es una idea como el "motor de explosión", pero con tal categoría que esuna persona.

La tradición filosófica entronca la idea del sujetohumano espiritual -la persona- con una aspiración permanente yespontánea de la humanidad, la supervivencia tras la muerte: es latercera raíz de lo que entendemos por alma. La idea de un más allá,donde las personas perviven es una aspiración que nos encontramos portodas partes y se expresa en todas las culturas, aunque de distintamanera. Muchas culturas y muchas religiones afirman que el sujetohumano permanece tras la muerte de algún modo. Y a lo que permanece, alsujeto, le llaman "alma".

Es muy difícil pensarse como noexistiendo. Esto lo sabía muy bien Unamuno, que no dejaba de pensar enello. Es muy difícil pensar que las personas que uno ha querido sonnada cuando mueren. Que esos sujetos libres y únicos, que hemos queridotanto desaparecen sin más. ¿Cómo he podido querer tanto a un poco deagua y polvo? ¿Por qué no me da lo mismo que otro poco de agua y polvo?El más allá es una cuestión oscura, porque no sabemos cómo pueda ser,pero el deseo de pervivir y el amor a las personas más allá de lamuerte son tendencias claras.

La persona desde la fe cristiana

Elmensaje cristiano no es filosofía. Pero entronca directamente con lasaspiraciones personales de supervivencia y con las convicciones delamor. También con las otras raíces que han dado sentido a la palabraalma.

Para la fe cristiana, Dios, que es un ser espiritual, hacreado el mundo. Y lo ha organizado de arriba abajo, con todas suspropiedades que se despliegan en la historia del cosmos. Por eso,porque procede de una inteligencia creadora, el mundo está tan lleno deinteligencia y de altas propiedades. Por eso, el juego de construcciónes tan maravilloso y capaz de tantas cosas.

Además, el mundovisible y material está ordenado al hombre , que es su cumbre, y,probablemente, la clave de todas sus propiedades. En el ámbito de lafilosofía de las ciencias, se llama "principio antrópico", a esta idea:a pensar que el mundo se explica porque está ordenado al hombre: lascuriosas características de la materia, la sorprendente historia de laevolución, la existencia misma de la tierra (que es un sistema biencurioso). Pero la Biblia lo da por supuesto desde sus primeras páginas:el hombre es la cima del mundo visible, y todo está ordenado a él.

Peroes una cima que supera lo que tiene debajo, porque el hombre ha sidohecho "a imagen de Dios". Esta expresión aparece en el primer relato dela creación, en las primeras páginas de la Biblia, y es muy importanteen la tradición judía y cristiana. Indica que el hombre se parece aDios y refleja su imagen sobre el mundo. A semejanza de Dios, el hombrees un sujeto, un ser inteligente, capaz de obrar creativamente.

Elser humano tiene algo de divino. El segundo relato de la creación, loexpresa con una imagen: Dios introduce su aliento y espíritu en elhombre. El hombre no sólo viene de abajo. Viene también de arriba, delespíritu de Dios. Aunque tenga materia, no se explica por lacombinación aleatoria de las fuerzas de la materia. Tiene algo queviene de Dios y refleja lo que es Dios.

Pero además, Dios lo hacreado con un fin eterno. El ser humano ha sido creado para conocer yamar a Dios por toda la eternidad. Ha sido preparado para ese destino.Dios ha hecho al hombre capaz de conocer y amar, y de durareternamente. Este es el argumento religioso para fundamentar y entenderque el hombre es un sujeto espiritual (destinado a conocer y amar) yque es inmortal (destinado a durar para siempre).

A la religiónno le asusta pensar en un sujeto espiritual, no le asusta pensar en unaexistencia que no es material, porque cree que Dios es un serespiritual. La idea de persona, que es una idea cristiana, expresa ladignidad de un sujeto espiritual. La calidad de un ser que no seexplica por las analogías y las propiedades de la materia. Ni su ser nisu obrar se pueden expresar con el vocabulario que se utiliza para lamateria.

Al mismo tiempo, el hombre es un ser corporal. Esto noes un añadido. Es su modo de ser, pertenece a su forma, a su idea, talcomo Dios la ha querido. Sabemos por experiencia que, para que elespíritu pueda expresarse en el cuerpo, el cuerpo tiene que estar encondiciones. Es preciso que la base orgánica se haya desarrollado. Siel cerebro no se ha constituido bien, la conciencia no puede expresarse, no puede abrirse al mundo. Porque el funcionamiento normal del hombrees una conciencia con un cuerpo; y el cuerpo sitúa a la persona en elmundo, y sirve de expresión e instrumento a la conciencia. La fecristiana cree que el sujeto espiritual permanece tras la muerte,privado de su cuerpo, pero cree también que su perfección es con elcuerpo, y la alcanzará al final, en la resurrección. Tiene su modelo enla resurrección de Cristo.

Creemos que en todo ser humano, desdesu origen, hay un sujeto espiritual, aunque todavía no se puedaexpresar. Pero hay más. La experiencia nos enseña que para que laconciencia comience a funcionar, necesita ser hablada. Necesita serestimulada por la palabra, despertada por la palabra, por así decir, opor lo menos por el signo (como el caso de Hellen Keller). Esto lovemos al observar cómo se desarrollan los niños, y, por contraste, noslo confirma la triste experiencia de los llamados "niños salvajes"(Enfants sauvages, Feral Children); niños que no han sido criados en unambiente humano. Sin una relación humana, la conciencia humana no sepuede desplegar (o lo hace muy rudimentariamente). Esto es asombroso.Es una manifestación de que el espíritu humano es relacional. Latradición de pensamiento cristiano ve en esto una huella de que elhombre es un ser para la relación: procede de la relación con Dios yestá destinado a la relación con Dios.

Para el cristianismo, esun asunto muy serio. La relación humana tiene su perfección en el amor.La moral cristiana se resume en amar a Dios sobre todas las cosas; y alos demás como hijos de Dios. Cada persona humana aspira en lo máshondo a amar y a ser amada, y no le parece que hay mejor bien que éste.

Cuandose entiende el valor de cada persona, se entiende que merece ser amada.Juan Pablo II le llama a esto la "norma personalista". Muchospensadores cristianos (Marcel, Pieper) se han dado cuenta de que todoamor encierra un deseo de eternidad. Amar es decir "no morirás". En loshombres es sólo un deseo Pero en Dios es una promesa que crea larealidad. El amor personal de Dios es lo que nos convierte en sujetospara siempre. Este es el fundamento personal del peculiar modo de serdel hombre: un sujeto delante de Dios: un tú creado para siempre por unYo que es todopoderoso y eterno (Buber).

Hay que terminar. Noshemos acercado a las experiencias que enraízan la palabra "alma" y noshabremos dado cuenta de que estamos hablando de algo muy serio. Lapalabra "alma" encierra el misterio de la vida y sus sorprendentespropiedades; el misterio del más allá y las aspiraciones humanas másprofundas; y el misterio de la conciencia humana, de la inteligencia yla libertad. La palabra "alma" indica también a la persona, al serespiritual, querido por Dios y constituido, por su amor, como uninterlocutor para siempre. El alma humana no es un duende, ni una cosaque esté en el hombre, ni una parte del hombre. Es el sujetoespiritual, con su forma y sus propiedades, la persona querida porDios. Todo esto es lo que lleva dentro la palabra alma.
 



 
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