Reflexiones sobre la posibilidad de contacto con Inteligencias Extraterrestres Imprimir E-Mail

Reflexiones sobre la posibilidad de contacto con inteligencias extraterrestres

 

Jorge Munnshe

"Noticias de la ciencia y la tecnología"

Vol. I, Nº 10

Viernes, 24 de Abril de 1998

 

Una civilización extraterrestre, por muy alejada que esté de nosotros, forzosamente tiene que acabar percatándose de la existencia de vida inteligente en nuestro sistema solar. Por ejemplo, en las frecuencias de onda que usamos para las retransmisiones televisivas, la Tierra "brilla" mil veces más que el Sol. Desde otro planeta, una civilización que captase esto con sus instrumentos, se sorprendería de tamaña anormalidad contraria a la física, y sospecharía que en el tercer planeta de ese sistema operan fuerzas artificiales manipuladas por entidades inteligentes.

La consiguiente posibilidad de que entes de otros mundos nos estén visitando lleva implícita la circunstancia de que, si es así, su progreso científico aventaja de modo colosal al nuestro.

Imaginemos que fuese cierta la suposición de que viajan hasta la Tierra. Creo que en tal caso, es poco probable que se den a conocer, y muy lógico que prefieran no ser detectados. Sin duda, les resultaríamos tan extraños, que no lograrían comprendernos, y por tanto no verían viable la posibilidad de establecer contacto.

Pongámonos en el sitio de ellos. Imaginémonos como seres de una civilización capaz de dominar la Física casi por completo, viajando en vehículos que probablemente se desplazan alterando el espacio – tiempo. Llegamos a un planeta. Detectamos vida, y entre las diversas especies, una de inteligencia superior. Comprobamos que su grado evolutivo es notable: efectúa viajes espaciales, utiliza sistemas de inteligencia artificial, obtiene su energía de fuentes que requieren un gran dominio tecnológico, produce sus bienes mediante un sistema de industria tecnificada con creciente automatización, y presenta otras muestras de progreso científico reseñables. Parece por tanto una especie apta para ser contactada. Pero entonces descubrimos cosas muy extrañas. Su civilización está fragmentada en bloques tecnológicamente avanzados y bloques con un gran retraso técnico. Esa misma especie presenta comunidades de la era espacial y tribus de la edad de piedra. Adolece de desequilibrios tan impensables como colonias con una elevadísima calidad de vida, y otras abandonadas a su propia muerte bajo la denominación de "Tercer Mundo". En las mismas áreas geográficas, también conviven sujetos con problemas de supervivencia, y otros con un nivel de vida que rebasa lo superfluo. Los seres cometen otras estupideces inexplicables como envenenar su propio hábitat, minar el planeta con bombas nucleares capaces de exterminarles por completo, matarse entre sí en "guerras", y otras muchas.

Nuestra sorpresa es enorme. Esas entidades son lo bastante inteligentes como para poseer un elevado grado tecnológico, y sin embargo hacen cosas irracionales.

¿Contactaríamos con una civilización así? Lo más lógico sería limitarnos a observar, y avisar de la anomalía a las autoridades de nuestro mundo, para que enviasen equipos de psicólogos, sociólogos, neurólogos, y demás científicos, con objeto de estudiar un fenómeno tan extraño. Nuestros colegas y quizá nosotros mismos pasaríamos décadas y décadas estudiando tan singular civilización, sin ejercer ninguna acción que ellos pudieran constatar, ya que ¿cómo se puede prever la reacción de una especie que se comporta de modo irracional? Quizá de vez en cuando haríamos un estudio neurológico detallado de algún ejemplar, pero nuestro formidable nivel tecnológico nos permitiría hacerlo sin necesidad de secuestrarle y llevarle a bordo, y sin que ello afectase para nada a su vida corriente. Si hubiésemos de emplazar algún artefacto físico en su hábitat, enviaríamos réplicas perfectas de objetos para ellos cotidianos, que pasarían desapercibidos. Por supuesto, no mostraríamos nunca nuestros vehículos y estos no serían por tanto avistados como objetos volantes no identificados. En resumidas cuentas, permaneceríamos indetectables y sin interferir.

Si entidades extraterrestres nos han detectado y evaluado, dudo mucho que se pongan en contacto con nosotros hasta que ascendamos al rango de civilización racional. No nos invitarán a ingresar en ninguna "Federación de Planetas" ni nada por el estilo, hasta que nuestro comportamiento parezca tan poco "humano" o poco irracional como por ejemplo el de Mr. Spock de la popular saga "Star Trek".

Las consecuencias de un contacto prematuro traerían más problemas que ventajas. Lo mismo pensaríamos si fuésemos cosmonautas humanos y viajásemos por el tiempo hasta la Edad Media. ¿Aterrizaríamos en la plaza de un pueblo? ¿Verdad que no? Si lo hiciéramos, causaríamos una conmoción de consecuencias difíciles de prever. Lo mismo nos consideraban un ángel venido del cielo que un dragón volador surgido del infierno. No sólo estaría en peligro nuestra integridad física si nos aventurásemos entre esas gentes sin medidas de camuflaje, sino que, en cualquier caso, su sociedad recibiría un shock mental peligroso.

En nuestra época estamos más concienciados, pero aún así las consecuencias de un contacto formal estarían fuera de control. Sin ir más lejos, la forma física de los visitantes constituiría el primer sobresalto. Me temo que no nos encontraríamos precisamente ante extraterrestres rubios, altos y guapos, como ciertas creencias populares han establecido. Curioso que viniendo de otro planeta se parezcan más a la raza blanca que a otras razas de nuestra propia especie. Otra cosa sería, por supuesto, que usaran un "disfraz" con el que aproximarse a nosotros, pero en cualquier caso esa no podría ser su verdadera forma, ni siquiera una de tipo humanoide. ¿Nos hemos parado a pensar en que un escorpión es, a fin de cuentas, un terrícola? Pues si dos especies del mismo planeta son tan tremendamente distintas, ¿qué cabe esperar si proceden de mundos diferentes, con distintas características ambientales y una evolución bioquímica independiente? Además, si hubieran progresado lo bastante como para viajar hasta nuestro sistema solar, podría ser que ni siquiera tuvieran una dependencia de la biología. Su condición biológica podría ser parcial, habiendo avanzado desde nuestras nociones sobre el concepto de Cyborg, hasta verdaderos elementos calificables como vida artificial. Sus nociones de tiempo, espacio, y otras que integran las bases cognoscitivas en que se apoya la psique de los mamíferos, podrían ser tan diferentes que la comunicación con ellos nos sería imposible de modo directo. Aquí podrían intervenir las computadoras. Un sector creciente de especialistas opina que el día en que se produzca la primera comunicación oficial, no se efectuará de hecho entre ellos y nosotros, sino entre sus computadoras y las nuestras. Los ordenadores serán los auténticos embajadores cósmicos, porque son máquinas que se basan en las matemáticas, las cuales, afortunadamente para el caso que nos ocupa, funcionan igual en todas partes. Usando planteamientos matemáticos, las computadoras de uno y otro lado podrán intercambiar informaciones específicas.

La idea de las guerras galácticas, tan tópica en la ciencia ficción, encierra en el fondo una gran falacia. Si una especie es lo bastante agresiva para intentar, cuando estuviera en condición de hacerlo, conquistar el universo sin otro móvil que la expansión de su imperio, no sobrevivirá tanto tiempo. Mucho antes se auto destruirá, ya que sus individuos lucharán desde el principio para conquistar la región, el país o el planeta, hasta provocar el holocausto cuando su grado técnico les permita guerras mundiales con mecanismos nucleares o afines. Las únicas especies capaces de sobrevivir lo suficiente hasta que su tecnología les permita estar en situación de iniciar guerras galácticas, serán, paradójicamente, aquellas que jamás las iniciarán a causa de haber erradicado por completo de sí mismas la belicosidad.

Otro móvil muy manejado para las guerras galácticas, más realista que el expansionismo, es la supervivencia, como por ejemplo la necesidad vital que tiene una especie por conseguir algo que otra tiene, aunque suponga causar su muerte. Si bien ello podría resultar factible en un grupo muy pequeño, sometido a carencias y aislado a merced del entorno, es inadmisible para una civilización entera. El estatus tecnológico que requieren los viajes interestelares es tan colosal, que una civilización capaz de ello está tan desarrollada que no necesita nada material de nadie, ya que puede obtenerlo con más facilidad por sus propios medios, a partir incluso, si es necesario, de la transformación atómica de unos elementos en otros. Sería absurdo que una civilización organizase un viaje a gran escala hacia otro planeta, con todo lo que ello supone, para invadirlo y apropiarse de materias primas, objetos, energía, o seres de los que alimentarse. Sería como si alguien gastase sus ahorros en el pasaje de un avión que le llevara al otro extremo del mundo, con la única finalidad de robar en un supermercado una botella de leche y no tener así que pagarla en la tienda de su barrio.

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