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La Visita Inesperada
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La visita inesperada

(Primera parte)

 

Asdrúbal Acosta

Ituzaingó – Argentina

 

Creer o saber: he ahí la cuestión

 

El propósito de la investigación ufológica es abordar el tema de los Objetos Voladores No Identificados (Ovnis) y la posible existencia de vida inteligente extraterrestre, desde un ángulo realista, dado que existen sobre la cuestión muchas creencias basadas en suposiciones imaginarias e inciertas.

Desde ya, cada persona puede creer lo que le da la gana, pero una cosa es creer y otra muy distinta es saber. En la generalidad de los casos prevalece la tendencia a creer en vez de saber. Y la razón de tal actitud es muy sencilla: resulta más fácil o cómodo creer que saber, porque el saber se accede a través del aprendizaje, la investigación y la experiencia.

En materia de aprendizaje, la mayoría de los argentinos cursó el ciclo primario de estudio. Como consecuencia de ello, nadie pone en duda, ni discute, acerca de si dos más dos es cuatro porque todos saben, a ciencia cierta, que eso es así. Por consiguiente, vemos que el desconocimiento es una de las principales causas que originan la disparidad de criterios y la discusión. Por otra parte, prevalece la falsa impresión de que la ciencia tiene respuesta para todo, y que todo lo puede explicar, cuando en la realidad concreta de los hechos tal cosa no es así: la ciencia tiene respuesta únicamente para todo aquello que investigó, descubrió y comprobó con certeza.

Sobre el terreno aún desconocido, la ciencia balbucea opiniones hipotéticas, en un plano de igualdad con las diversidad de criterios hipotéticos esgrimidos desde el campo espiritualista acerca del origen del universo, los mundos y la vida. Desde ese plano de igualdad, tanto el campo científico como el espiritualista, se niegan a reconocer o aceptar que lo único que saben es que no saben nada en comparación a todo lo que resta por investigar, descubrir y aprender del macro y del micro cosmos en que nos hallamos inmersos. En tal sentido, cuanto más nos introducimos en la investigación del universo, más nos percatamos de ello.

Sobre el particular, tampoco nos percatamos que la acción de adquirir conocimiento es, básicamente, una iniciativa individual correspondiente a la vocación por saber que se manifiesta, con mayor o menor intensidad, en cada persona. De ahí que es mejor investigar y descubrir lo que desconocemos, antes que negar enfáticamente la existencia de aquello que ignoramos, porque la investigación y el descubrimiento constituyen la única vía cierta de acceso al conocimiento.

 

El ocultamiento de los hechos

 

Entonces, ¿cómo podemos descubrir un facto x, si de antemano negamos la existencia del factor x, y en nombre de su improbabilidad rechazamos la posibilidad de investigar y descubrir al factor x en cuestión? Ahora, ¿en qué evidencia científica se basan los refutadores de la hipótesis extraterrestre para afirmar categóricamente que los Ovnis no son artefactos extra planetarios, o que no existe vida inteligente extraterrestre en nuestro sistema planetario? ¿En que bendecida o infalible teorización se apoyan para sostener que no existen formas, parámetros, ni métodos que permitan constatar el origen extra planetario de los Ovnis, o la existencia de vida inteligente fuera de la Tierra? Evidentemente las afirmaciones vertidas por los presuntos racionalistas, o los ortodoxos espiritualistas, tendientes a refutar la hipótesis ET de los Ovnis, constituyen manifestaciones emergentes de la creencia individual y el desconocimiento real de los hechos, que se apoyan más en las técnicas de la sofística antes que en la lógica de los procesos.

Desde el punto de vista de la lógica procesal, las manifestaciones negacionistas a priori, lejos de servir al progreso del conocimiento, apuntalan a los criterios imperantes y favorecen a los intereses sectoriales concretos que se benefician con el estancamiento de la evolución racional.

De ser esto así, la negación a priori se torna comprensible pero no admisible. De lo contrario, sería una incomprensible actitud de extrema irracionalidad por parte de quienes representan al mundo del Poder, el Saber y de la Fe. Resulta, pues, altamente llamativo que los gobiernos de todo el mundo, y las instituciones políticas, militares, científicas, religiosas, etc., esquiven oficialmente el asunto de los Ovnis y la posible existencia de vida extraterrestre, evitando su tratamiento institucional y las declaraciones públicas sobre el particular. ¿Acaso existirá un pacto de silencio entre los diversos segmentos que constituyen el poder mundial?

Lo cierto, y concreto, es que desde la postrimería de la Segunda Guerra Mundial trascendió la noticia sobre la aparición de misteriosos Objetos Voladores No Identificados (Ovnis). La noticia en cuestión, lejos de constituir un hecho aislado, se convirtió en algo frecuente debido a que ciudadanos de todos los rincones del mundo reportan, periódicamente, la presencia y el desplazamiento de los Ovnis. Reportes que suelen ir acompañados con fotografías o videos filmaciones de los enigmáticos objetos.

No obstante ello y a la trascendencia periodística mundial de algunos casos reales de avistamientos Ovnis, los organismos gubernamentales de todas las naciones desestiman la cuestión afirmando que los Ovnis son un deseo de la imaginación popular, el resultado de una confusión visual o el producto de noticias infundadas. Empero esas declaraciones gubernamentales nunca van acompañadas de las investigaciones pertinentes ni exhiben las evidencias que dan fundamento al argumento oficial. Es más, cuando algún ciudadano solicita el acceso a las investigaciones y a las evidencias que respaldarían a las afirmaciones oficiales, los funcionarios de las áreas pertinentes niegan la existencia de tales investigaciones y rehusan concretar declaraciones públicas sobre el particular.

Obviamente, la ciudadanía sospecha abiertamente que los organismos gubernamentales ejercen un solapado ocultamiento sobre la cuestión Ovnis y vida extraterrestre, limitando el derecho del pueblo a saber de qué se trata mediante el ejercicio de una expresa política ocultista de corte netamente negacionista. Tal situación se ve confirmada en los hechos cuando desde el ámbito gubernamental se traslucen las actividades de investigación llevadas a cabo por los organismos militares de inteligencia o las comisiones especiales de investigación encubierta sobre la cuestión Ovni. Máxime cuando los organismos gubernamentales prohiben a su personal militar, científico y técnico, revelar información sobre el tema o a realizar declaraciones públicas, bajo el apercibimiento de severas sanciones disciplinarias contempladas en las leyes vigentes que regulan el funcionamiento de los organismos estatales.

Más que una fantasía popular, el secreto de estado es un hecho jurídico concreto, que restringe y limita el derecho del pueblo a saber de qué se trata. De allí que, la civilidad mundial descree de las afirmaciones que realizan los gobiernos sobre los Ovnis, experimentando la sensación que deja el marginamiento informativo que, con justa razón, lo califica como un hecho inadmisible de la apertura y la globalización en curso.

 

Los testimonios calificados

 

En línea general, existe la impresión de que las personas de escasos recursos, limitada formación cultural o técnica, constituyen el segmento principal del cual emergen los testimonios de avistamientos Ovni. Empero, esa impresión se desdibuja y desaparece ante una prolija investigación de los sucesos Ovnis.

La historia de la Ufología está repleta de testimonios de alto nivel técnico y profesional, que son definidos por la "Comunidad Ufológica" como testigos de Alta Credibilidad. En ese grupo se incluyen los protagonistas de avistamientos Ovni que, por su formación cultural o técnica, estarían en condición de identificar la naturaleza de esos fenómenos aéreos que podrían confundir a un observador no experimentado.

Existen elementos como los globos meteorológicos, las nubes lenticulares, el planeta Venus, inversiones térmicas, aeronaves convencionales, etc., que podrían confundir a un testigo no familiarizado con los mismos, reportando a la prensa o a los investigadores lo que, para él, sería un Objeto Volador No Identificado. Tal situación de confusión resulta altamente improbable entre los profesionales como los meteorólogos, los astrónomos o los pilotos. Dichos profesionales están sobradamente calificados para identificar una nube lenticular, una inversión térmica o los famosos rayos globulares. Los astrónomos, por otra parte, difícilmente confundirían Venus, un meteorito o una conjunción de planetas con un Ovni.

Estos casos suelen ahorrar a los investigadores mucho trabajo, ya que este tipo de testigo suele estar, por su propia preparación técnica, en mejor posición para identificar el origen y naturaleza del fenómeno que ha observado. De manera que, cuando un astrónomo, un meteorólogo o un piloto reporta el avistamiento de un fenómeno que él no ha podido identificar, es probable que la naturaleza del mismo no se encuentren en el campo que dominan dichos profesionales.

Pero aún más valorados que los testimonios de astrónomos, físicos, meteorólogos, etc., por parte de los Ufólogos, están los testimonios de los pilotos. La formación técnica de los pilotos, civiles y militares, incluyen esos conocimientos sobre física, astronomía y meteorología, que los califica ya notablemente. Pero además exige un equilibrio psicológico, el imprescindible para responsabilizarse de los pasajeros o las valiosas naves que pilotan , que periódicamente será comprobado. En el caso de los pilotos, por ejemplo, cada 6 o 12 meses deben someterse a "cursos de refresco" en donde exámenes psicológicos, simuladores de vuelo, etc., comprobarán su equilibrio y su preparación técnica. Obviaremos incluir en este tramo a los astronautas que, aún siendo pilotos, evidentemente merecen un tratamiento aparte, dado que no son pocos los astronautas rusos y norteamericanos que han protagonizado avistamientos Ovnis durante sus misiones espaciales. Por otro lado, el piloto suele ser el vértice de un triángulo imaginario formado con otros profesionales del aire: los radaristas y los controladores aéreos.

La importancia de estos "profesionales del aire" en algunos avistamientos Ovni protagonizados por pilotos resulta fundamental. Los refutadores profesionales argumentan que los testimonios de pilotos no son válidos por la carga emocional que encierra el toparse con algo extraño mientras son responsables de las vidas del pasaje, como si esa situación (por otro lado la esencia de su quehacer diario) pudiese turbar hasta ese punto su percepción de la realidad, como para confundir a la Luna con un plato volador. En este tipo de caso, por ejemplo, el radarista juega un papel crucial al constatar las declaraciones del piloto y tripulación del vuelo con un eco no identificado en la pantalla del radar. O el controlador, que coordina varios vuelos cuyos comandantes describen las evoluciones de un fenómeno similar. Cuando no es el mismo controlador, sobradamente calificado en la identificación de aviones, helicópteros, etc., quien también observa el fenómeno desde el mismo Centro de Control.

Los avistamientos múltiples protagonizados por pilotos, radaristas y controladores aéreos, constituyen los casos más importantes de la investigación ufológica, debido a que suministra información muy objetiva sobre la naturaleza del fenómeno Ovni. Por esa razón, los casos de avistamientos múltiples son encuadrados inmediatamente bajo la figura jurídica del "secreto de estado".

De hecho los pilotos fueron quienes se percataron e informaron de la presencia de los Ovnis, y a ellos le debemos reconocer su descubrimiento. Desde la Segunda Guerra Mundial se han producido cientos de reportes Ovnis por parte de pilotos civiles y militares, que constituyen un universo de casos que no trascendieron a la opinión pública mayormente, con la excepción de unos pocos incidentes difundidos por la prensa, y que son los clásicos casos conocidos por todos los aficionados al tema. Paradójicamente, los casos más importantes como son los avistamientos múltiples han sido vedados al conocimiento público por el manto oficial del secreto de estado, sin mediar ninguna explicación.

 

Los dispositivos de la defensa y el control aéreo

 

La ciudadanía en general, y en particular los refutadores de la hipótesis ET de los Ovnis, desconocen mayormente los múltiples dispositivos de la defensa y el control aéreo, que se aplican a fin de obtener una mayor eficacia en materia de "seguridad". El argumento del error humano que se esgrime frecuentemente resulta, en la actualidad, un enfoque inconsistente e ilógico ante la sofisticada tecnología de rastreo, detección y análisis, en uso combinado desde tierra (radares) y desde el espacio aéreo (satélites).

Una extensa red de satélites y estaciones terrestres de rastreo y detección, dispuestas en formas fijas y móviles, constituyen un dispositivo de "alerta temprana" muy eficaz, que permite registrar e identificar instantáneamente el desplazamiento de objetos voladores como satélites, cohetes o aviones supersónicos no identificados.

La tecnología avanzada de detección e identificación de objetos voladores también permite detectar e identificar el ingreso al espacio aéreo terrestre de objetos como los meteoritos, la chatarra espacial, etc., lo cual posibilita conocer con precisión su trayectoria y la zona del posible impacto.

A la citada red de "alerta temprana" se suman los controles aéreos zonales mediante el uso de radares militares y de aeronavegación comercial. El control aéreo zonal, o nacional, se efectúa mediante el uso del radar secundario y el radar primario.

El radar secundario: Toda aeronave, sea civil o militar, ha de disponer de un emisor de señal, previamente "acordada" con el radar secundario, que será recibida e interpretada (transponder) en el mismo. Así la pantalla del radar secundario reflejará tres códigos referente a cada tráfico aéreo, y que corresponderá a la altitud o nivel de vuelo (modo Bravo), velocidad del avión (Modo Charly) e identificación o trasponder (modo Alfa), en términos aeronáuticos, Sqwak, de la aeronave.

Obviamente, una aeronave que, por la razón que fuese, no emitiera ese código señal preacordado con el ordenador, no aparecería en la pantalla del radar secundario. Por otro lado, una avería en el modo alfa (identificación), que sin embargo no afecte a los modos Bravo y Charly, convertiría técnicamente a ese avión en un tráfico no identificado (intruso) aunque los datos sobre la altitud y velocidad que aparecerían en la pantalla lo revelarían como una aeronave convencional.

El radar primario: Este tipo de radar es el más conocido. Limitado caso exclusivamente al sector de aproximación dentro de la aviación civil (ya que normalmente se opera con el secundario) es utilizado de manera constante en el sector militar, dado que el espacio aéreo nacional está vigilado por radar primario y secundario a la vez. Este sistema de detección utiliza la natural reflexión de un objeto o fenómeno. El radar emite una onda que, al encontrarse con algún cuerpo o fenómeno en su camino, rebota regresando al emisor, y siendo reflejada en la pantalla del radar. A partir de aquí, justo es reconocer que existe toda una serie de "ecos falsos" que pueden ser reflejados en las pantallas del radar primario y secundario.

Estos ecos falsos son aparentes reflejos interpretados por el ordenador del radar, que pueden obedecer a causas distintas: vuelos de pájaros migradores, ciertos granizos, ionización atmosférica, etc. Por esa razón, para evitar los riesgos de este tipo de ecos, los controladores y observadores de radar son entrenados durante su formación para discriminar este tipo de fenómeno.

Por otro lado, y en honor a la verdad, es necesario aclarar que no todos los "ecos verdaderos" detectados en radar y pertenecientes a Tráficos No Identificados (TNI) se deben a Ovnis. Una avioneta de contrabando o de narcotráfico que penetra en vuelo visual (VFR), es decir, vuelos que no son controlados o no notifican el obligatorio plan de vuelo en nuestro espacio aéreo, para entregar su repugnante mercancía, igualmente sería detectada en radar primario, sin que fuese posible su identificación. De manera que, vuelos visuales, averías en el trasponder, extravío del plan de vuelo, etc., forman parte de las muchas posibilidades que existen de que aeronaves convencionales o artilugios voladores no declarados se conviertan en un Tráfico No Identificado en las pantallas del radar. Pero para esto están los radaristas y los operadores. Después de horas, días y años de servicio escrutando las pantallas, los mismos radaristas son los técnicos más calificados para diagnosticar si un eco puede obedecer a alguna causa convencional, como las ya explicitadas, o realmente un fenómeno desconocido está siendo registrado en el radar.

El radar se limita a reflejar una información objetiva que posteriormente el observador o radarista habrán de interpretar. Y si bien dicha interpretación humana es susceptible de error, cuando la detección en radar de un eco es confirmada por los testigos visuales, por ejemplo pilotos, resulta ya imposible eludir el carácter físico del Ovni.

Para los casos de detección de tráficos aéreos no identificados y Objetos Voladores No Identificados, existe un dispositivo de la defensa aérea denominado "Scramble" (Interceptación). El objetivo de la misión "Scramble" consiste en concretar una aproximación al intruso para su reconocimiento y eventual interpretación. El resultado de las misiones "Scramble", como la detección satelital de Objetos Voladores que penetran el espacio aéreo, desplazándose por distintas zonas para regresar al espacio exterior, son informaciones militares calificadas como secretas. Pero el hecho de que esas informaciones no trasciendan, no significa que los "Platos Voladores" resulten ser objetos no identificables, porque son perfectamente identificables, y su procedencia del espacio exterior es absolutamente comprobable mediante la aplicación de tecnología combinada.



 
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