Un Platillo Volante... Terrestre Imprimir E-Mail

Un platillo volante... terrestre

 

 

El Lightcraft tiene aspecto de disco y será capaz de volar. En el futuro será uno de muchos vehículos con los cuales podremos sacar a la familia a pasear, e incluso ir a la Luna.

A pesar de su aspecto, el Lightcraft tiene poco que ver con los platillos volantes de las películas de ciencia ficción. Al contrario, tuvo su origen en un diseño de un vehículo transatmosférico ideado en el Rensselaer Polytechnic Institute por el profesor Leik Myrabo. Con él, tiene la intención de reducir el coste del acceso al espacio en un factor de 1.000, usando además un sistema que sea totalmente "verde".

Myrabo ha estado trabajando desde 1972 en el uso de láseres para lanzar satélites. La innovación consiste en utilizar la atmósfera como el combustible que será calentado por el láser. A mayor altitud, donde la atmósfera se hace muy débil, el vehículo transportará una pequeña cantidad de hidrógeno que también será calentado por él.

El primer prototipo pesaba sólo 25 gramos y era capaz de levitar gracias a la acción de un rayo láser infrarrojo de 10 kilovatios. Sin embargo, el diseño inicial de Myrabo para la NASA consiste en un vehículo de 5 metros de diámetro, útil para transportar cuatro personas. Su parte frontal tiene la forma adecuada para reflejar el láser coherente hacia una región estrecha donde el aire circundante se calentará para convertirse en un escape de gas a gran velocidad. Este chorro impulsará la nave hacia arriba.

El poderoso láser se encontraría en órbita terrestre, utilizando la energía del Sol para producir su rayo, pero también es posible usar láseres situados en tierra.

Myrabo ha construido un modelo de 15 cm de diámetro con el cuál alcanzó 28 metros de altitud. El próximo paso será la construcción de un láser de 150 kilovatios que impulsará un modelo más grande hasta unos 30 km. de altitud. Con un láser de 1 gigavatio será posible lanzar satélites pequeños al espacio.

El diseño definitivo (Lightcraft), sin embargo, ha sido ideado para prescindir de los láseres. La tecnología de las microondas está más madura y sería posible enviar rayos de este tipo desde el espacio hacia un "platillo" que transportaría hasta 12 personas y tendría 20 metros de diámetro. Además de poder evolucionar libremente a través de la atmósfera, podría volar hasta la Luna. El emisor de microondas, a su vez, tendría 1 km. de diámetro y produciría una potencia de 20 gigavatios a partir de la luz del Sol. Las microondas serían después recogidas por las antenas del Lightcraft, quien las convertiría en electricidad.

La nave tendría una estructura presurizada con helio, como una especie de globo. El material envolvente sería transparente a las microondas, lo que lo haría "flotar" de forma parcial. El vehículo estaría asimismo rodeado con dos anillos superconductores y equipado con una serie de motores de iones y paneles solares.

Para el lanzamiento, el Lightcraft usaría la electricidad generada por los paneles solares (por la noche serían iluminados con un láser infrarrojo espacial) para ionizar el aire y moverse a través de descargas electrostáticas (entre 80 y 160 km./h). Después podría pasar a utilizar el transmisor de microondas, las cuales serían enfocadas por un reflector interno para calentar el aire en un extremo u otro de la nave y empujarlo en la dirección contraria. La aceleración sería muy rápida. Situado a una buena altitud y más rápido que la velocidad del sonido, el Lightcraft podría utilizar entonces el motor magneto – hidrodinámico. Maniobrando de una manera particular, las microondas serían reflejadas hacia adelante para crear una burbuja súper caliente de aire frente al vehículo. La burbuja actuaría como protección y la nave podría acelerar hasta Mach 25 (velocidad orbital).

Los primeros prototipos reales quedarán en manos de pilotos militares y de la NASA, todos ellos muy experimentados. Las altas aceleraciones en las que se podría incurrir supondrían el uso de cápsulas de escape llenas de líquido, para protegerlos de las fuerzas G.

Aunque todo suena muy fantasioso, todas las tecnologías en las que se confía para hacerlo realidad ya han sido demostradas. El precio del acceso al espacio se reduciría a lo que nos costara la energía transmitida por la central orbital. Se podría dar una vuelta a la Tierra en 45 minutos o ir a la Luna en 5 horas y media.

Información adicional en:

http://www-aero.meche.rpi.edu/curriculum/tavd/intro

Imagen:

http://www-aero.meche.rpi.edu/curriculum/tavd/intro/images/ship2-big.jpg

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