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Humanoides en Tucumán

 

Pablo Villarrubia Mauso

Madrid – España

 

Argentina es un país pródigo en apariciones de OVNIs y en casos de humanoides. En mayo de 1997 descubrí un caso inédito y extraordinario de aparición de humanoides en Tucumán, más concretamente en Los Zazos, a 8 km. de la villa de Amaicha del Valle (5.000 habitantes), al norte de la provincia, en plena región montañosa, a casi 2.000 metros de altitud. La primera pista nos la dio las hermanas Juana y Carmen Chaile, del hotel Ruinas de Quilmes. "Una médica amiga nuestra atendió a una pastora que tenía los ojos escocidos porque había visto una bola de luz muy intensa y unos enanitos que le sacaron sangre", me dijo una de las hermanas.

Gracias a un testigo OVNI, Francisco Costilla (avistó un OVNI rectangular en el cerro Pichao), también de Amaicha, localizamos a la pastora contactada. Ya era de noche cuando llamamos a la puerta de su pequeña casa de adobe. Jesús Flores de Mamaní nos atendió amablemente y nos invitó a entrar. "Ud. es el primer periodista que viene a estas tierras perdidas de la mano de Dios", me dijo esta señora de 40 años, bajita, de piel curtida por el sol y de rasgos netamente andinos. Rodeada por los dos hijos y el marido, Jesús empezó a contarme su sobrecogedor relato:

"Eso creo que pasó en 1990. Yo llevaba mis cabras por una quebrada cercana a esta casa, luego abajo, en el valle, cuando de repente me sentí paralizada y me quedé pegada a una piedra. Vi en aquel momento una bola flotando a corta altura del suelo y a unos diez o doce pasos de mí. El perro, que es malísimo, no hizo nada. Las cabras se quedaron paradas aunque sean tan ariscas. De pronto vi como se abría una suerte de puerta en aquella luz y de ella salieron dos hombrecitos, con unos trajes marrones, como los de esas personas que se meten debajo del agua y tienen aire en las espaldas y todo eso. En las espaldas llevaban una mochilita. Quise gritar, pero no me salía la voz", me dijo la pastora.

- Cuénteme más detalles sobre la apariencia de estos "hombrecitos" y de la luz, insistí.

- Eran de esta tamañito (señalaba con la mano la altura aproximada de un metro) medio gorditos. La ropa era enterita y brillosa, parecía la tela de las camperas finas, y parecía que había unas rayas como si fuera la costura de la ropa. Lo curioso es que llevaban como antenitas que les salían de casi todo el traje. Caminaban en el aire, flotando, y cuando se movían también lo hacían estas antenitas cortas, como cablecitos. La cabeza estaba cubierta, parecía un casco, sólo se les veía parte de la cara que era de color marrón, a la altura de los ojos. Esta parte parecía que estaba cubierta por un cristal. La luz no era más grande que esta nevera (1,5 metros o poco más de diámetro). Brillaba como aluminio y la vuelta había una hilera de luces muy fuertes y de varios colores. Eso ocurrió a las 4 de la tarde. No había sol y el viento estaba fuertísimo.

- ¿Y qué pasó después?

- Uno de los hombrecitos se me acercó y me agarró el brazo y me ató una liga. Luego, con una jeringa, me sacó sangre. Yo quería hablar y seguía sin poder. No me hicieron daño y tampoco sentí el dolor del pinchazo. El otro hombrecito sacó leche a una cabra que se quedó quietitita y, como las demás, no se movía para nada. Después se apartaron y volvieron a la bola que empezó a apartarse. Entonces pude gritar y llamé a mi marido que ya venía en mi dirección.

"Yo alcancé a ver la luz subiendo hasta que se quedó del tamaño de una estrella a lo lejos, en los cerros. Muchos vecinos también la vieron", añadió el marido.

"Unos camioneros la vieron en la ruta cerca de los Cardos a las 12 horas de aquel mismo día", completó Francisco Costilla que me acompañaba.

"La parte del campo donde la bola flotaba se quemó, la tierra se quedó blanca y ahí no creció nada durante mucho tiempo. Yo tuve que ir al médico por los ojos se me quedaron rojizos, tenía todo el blanco de los ojos teñido de rojo. La doctora Clara Luz Nieve me recetó unas gotas pero hasta ahora casi no veo. A los dos meses empezó a bajar la visión, y en la oscuridad menos. La doctora me dijo que debía ser una luz muy fuerte pues me quemó. Yo le conté todo. Ella me decía que eran los marcianos".

Hacia pocos meses había estado en el estado de Maranhão, en Brasil (región Amazónica), donde un hacendado semianalfabeto me comentaba que dos ancianas que vivían en una casa de adobe dentro de sus propiedades habían vivido una experiencia traumatizante. "Las dos señoras volvían por la noche a su casa cuando vieron a varios hombres enanos con ropas raras. Ellas se quedaron paralizadas y ellos las sacaron sangre de los tobillos con unas jeringuillas", me contó en Parnarama el hacendado. ¿Simple casualidad? Son historias semejantes ocurridas a miles de kilómetros de distancia y contadas por personas que se supone que no hayan tenido contacto entre sí.

Según el prestigioso periodista Arturo Alvarez Sosa, Tucumán es una ruta de paso de OVNIs, donde "se cruzan varias líneas ortoténicas". También en 1962 Arturo recogió el relato de otro camionero que, viniendo desde Rosario de La Frontera, de Salta, por la ruta 9, cerca del Campo de Mogote, vio un típico plato volador rodeado de luces que se le venía hacia el camión. "Apretó los frenos y éstos no le respondieron, parecía que iban a chocar, y luego el objeto se desvió. Aquél año fue la época de una gran oleada", dijo Arturo Sosa.

Juana Chaile fue testigo en agosto de 1996 – junto con miles de personas en todo el territorio argentino – de la aparición de una esfera transparente sobrevolando la fortaleza prehispánica de Quilmes. "El objeto simplemente se esfumó en el aire, era de color blanco, plano como la luna, pero dejaba ver a través de él las estrellas. Eso duró unos diez minutos", me dijo Juana.

Desde finales del siglo pasado se habla de la existencia del "perro – vampiro", o "familiar", una especie de "chupa-cabras" que atacó por última vez en Villa Carmelo. Cuando volvía en ómnibus de Tucumán hacia Foz de Iguazú (frontera entre Brasil y Argentina) conversé con un empresario tucumano. Este me contó como un amigo suyo, abogado, vio en diciembre de 1996 un gigantesco OVNI en forma de cigarrillo de superficie metálica despidiendo un "chorro de fuego" por uno de los extremos con la misma longitud del fuselaje del aparato. El testigo se hallaba a menos de 150 metros del objeto, mientras pescaba en el río Los Sosas (Tucumán). El mismo OVNI fue visto por otras personas en una carretera cercana.

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