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Entre la Fantaía y la Esperanza Imprimir E-Mail

Entre la fantasía y la esperanza

 

Autor: Leonardo Moledo

 

Leopoldo Fausto Montello

Buenos Aires – Argentina


 

Este artículo fue publicado en la sección CIENCIA Y TECNICA – Diario: CLARIN, el martes 27 de febrero de 1990.

Finalizado el mismo, emitiré mi comentario.

 

¿Existen los extraterrestres? Y si existen, ¿dónde están? La verdad es que la ciencia –ficción nos ha acostumbrado a ellos: buenos, malos, invasores, protectores, amenazadores; desde la Guerra de los Mundos de Wells hasta la serie Invasión extraterrestre, que este año estuvo por tercera vez en las lucubraciones de Fred Hoyle y Estanislav Lem, los esquivos alienígenas constituyen una de las principales atracciones de esa rama de la literatura.

Ahora la ciencia – ficción, como tantas veces, no hace sino anticipar convicciones y deseos profundos de la inteligencia humana, e intenta responder a las preguntas que naturalmente aparecen solo mirando el cielo nocturno, parcial y difuminado por las luces ciudadanas: ¿Puede ser que seamos los únicos? ¿Es concebible que en la inmensa multiplicidad de los mundos sólo aquí hayan prosperado la vida y la inteligencia? La intuición de que nuestra especie no es la excepción sino más bien la regla es, en realidad, muy antigua.

Desde Lucrecio, en el siglo I a. De C., hasta Huygens en el siglo XVI, o Gauss en el XIX, que propuso talar bosques en forma geométrica para configurar una señal visible desde otros planetas, la idea fue corriente entre los científicos. Y entre el público en general; también, al fin y al cabo, nadie se hubiera asustado tanto durante la celebre transmisión de Orson Wells anunciando un desembarco marciano si no lo creyeran estrictamente posible.

La inmensa mayoría de los astrónomos y los cosmólogos no se queda atrás: creen firmemente en la existencia de inteligencia extraterrestre. Pero no se limitan a creerlo: algunos de ellos se han dedicado a reflexionar sobre la inteligencia extraterrestre, han realizado congresos sobre el tema, han sacado conclusiones, han clasificado civilizaciones hipotéticas, e incluso han intentado buscarlas.

Han enviado mensajes, mediante radiotelescopios, y han explorado el cielo en busca de señales de nuestros compinches en el universo. Y uno puede hacerse la pregunta: ¿hay alguna evidencia que preste soporte científico a todos estos afanes?

La respuesta estricta a la pregunta anterior: ¿Hay algún tipo de evidencia empírica que permita afirmar de manera razonable que los extraterrestres existen? Es un sencillo y directo "no". Nada ha apoyado hasta ahora la hipótesis de existencia de vida en el universo fuera de la "Tierra", y menos inteligencia. Todos los relatos sobre platos voladores y variedades diversas y análogas han demostrado ser puras fantasías y jamás han resistido el más mínimo examen. Y es lógico: resulta por lo menos ridículo que un grupo de alienígenas emprenda un viaje intergaláctico para tomar una cerveza con un granjero de Kansas o para asustar a un camionero que recorre la ruta Buenos Aires – Bahía Blanca. Si así lo hicieran, o lo hubieran hecho, demostrasen tan solo ser muy poco inteligentes.

Otra variante del pensamiento mágico sobre el tema está constituida por las visitas en el pasado, tal como aparecen en El Retorno de los Brujos o en los libros de Von Däniken, o aún en 2001, de Arthur Clarke.

Según estas versiones, ya se habrían producido desembarcos extraterrestres en algún momento de la historia, con propósitos de tipo educativo – ayudar a construir las pirámides, apuntalar un canal de riego, subir hasta la cumbre de Machu Pichu las piedras para construir la ciudad. Desgraciadamente para los adictos a este tipo de teorías, hay un punto en que fallan: si se tiene en cuenta la disponibilidad de mano de obra relativamente barata que tenía el faraón, por ejemplo, es mucho más fácil explicar de una manera muy humana cómo se arrastraron y apilaron aquellas piedras, que comprender por qué una civilización inteligente, capaz de viajar por el universo, iba a tomarse el trabajo de cruzar la galaxia para participar en la construcción de un modesto monumento funerario – en términos cosmológicos aun las pirámides pueden catalogarse de modestas – y luego esfumarse sin dejar otro rastro – ni siquiera sugerir la adopción de un sistema de escritura más cómodo que los jeroglíficos. Agregando, de paso el poco optimismo que muestran esos autores, al no considerar la posibilidad que el hombre tiene que construir su propia historia sin ayuda externa.

Pero dejando de lado las propuestas de ufólogos (cazadores de objetos voladores no identificados), receptores de mensajes alienígenas, trucadores de fotos y marginales seudocientíficos de diferente laya, y a pesar de la falta de evidencia empírica, razonar sobre civilizaciones galácticas dista de ser un devaneo. Porque "no hay evidencia" es la respuesta en sentido estricto, nada más. Aunque es cierto que ningún hecho corrobora la existencia de vida fuera de nuestro planeta, los hechos no lo son todo. Las especulaciones científicas que no dudan sobre la existencia de inteligencia extraterrestre se basan en supuestos muy fuertes – y estos sí, con una violenta base empírica – en primer lugar, "el principio de uniformidad".

Según nos informan telescopios, radiotelescopios y otros opios por el estilo, el universo es isótropo en todas direcciones, esto es, "todas las regiones del cosmos son idénticas, compuestas por los mismos materiales y sujetas a las mismas leyes". En segundo lugar, tenemos una buena idea de cuál es el sitio que ocupamos en el universo: el Sol es una estrella entre otros cien mil millones de estrellas que pueblan nuestra galaxia: la "Vía Láctea". Pero la "Vía Láctea" apenas pesa en un universo donde las galaxias se cuentan por millones de millones.

La presencia de carbono, oxígeno y de moléculas orgánicas en las estrellas y en el espacio interestelar es testimonio de la generalidad de la química del carbono. Resulta realmente absurdo pensar que en ese cosmos uniforme e inmenso sólo un lugar minúsculo y remoto haya sido el escenario apropiado para la peculiar combinación de reglas químicas que permiten la vida.

Sí, ¿pero dónde?

En el Sistema Solar, no. Nuestros colegas planetarios se han mostrado muy poco vitales, a pesar de las esperanzas puestas en la sonda Viking, que exploró la superficie de Marte en 1976 – sin encontrar nada – y muchos ojos se vuelven ahora hacia Titán, el gran satélite de Saturno, que posee una atmósfera de donde hipotéticamente se podría desarrollar una vida primitiva. Hay que buscar más allá. Y más allá del Sistema Solar, el vacío es espantoso: la cuidadosa búsqueda de objetos subestelares – planetas – ha dado magros resultados (los objetos subestelares, al carecer de brillo son difíciles de observar). Sólo se han detectado, hasta ahora, algunos posibles discos protoplanetarios (nubes de polvo a partir de las cuales se formarían los planetas), pero planetas cantantes y sonantes, ninguno. Aunque hay candidatos: la estrella HD 114762 presenta variaciones atribuibles a la existencia de un planeta a su alrededor, diez veces más masivo que Júpiter. Posibilidades, nada más.

Un grupo de científicos decidió estimar estas posibilidades: así surgió la fórmula de "Green Bank" (o de Drake) multiplicando la probabilidad de que una estrella tenga planetas, la de que un planeta tenga condiciones apropiadas, la de que las condiciones apropiadas puedan dar origen a la inteligencia, la de que una civilización efectivamente surja, la de que alcance el estadio tecnológico, etcétera. El cálculo de cada una de las cifras es grueso y muy poco convincente. Sin embargo, los resultados son impresionantes: la fórmula de Drake estima la existencia de una cantidad de varios cientos de civilizaciones sólo en nuestra galaxia, en el peor de los casos, y de un millón en el mejor. Aunque "nada avala esta conclusión", y aunque la fórmula de Drake, así como sus resultados son más dudosos, coincide con las intuiciones profundas que derivan del principio de uniformidad. Si bien no se puede decir que sean ciertos, merecerían serlo.

En "Solaris, Stanivlav Lem" describió un planeta casi cubierto por un océano inteligente, con un tipo de pensamiento completamente inaccesible para nosotros. En "La nube negra", el astrónomo y escritor inglés Fred Hoyle propuso una nube que alberga núcleos dispersos que, al comunicarse de manera instantánea, funcionan como un todo. La variedad de formas posibles o imaginables es infinita y se va desde las antropomorfizaciones más ingenuas y brutales – cómo E.T. o los lagartos de Invasión Extraterrestre – hasta la vida sobre una estrella de neutrones sugerida por Robert Forward. Podría haber vida – y vida inteligente – basada en la química del silicio. ¿Por qué no? El universo seguramente es mucho más estrambótico que nuestra imaginación, ya lo han probado reiteradas veces. ¿Quién imaginó previamente un "quasar", o una "lente gravitatoria". Sin embargo, el intento de abordar la cuestión científicamente exige cautela, "y carriles de razonamiento que podamos abordar: el antropomorfismo es uno de ellos". Si tratamos de buscar, más o menos al azar, con una remota esperanza de éxito, hagámoslo con algo de lo cual tengamos una idea.

Sobre esta hipótesis antropomórfica: "si nosotros pensamos en enviar señales, ellos también, o: si nosotros tenemos ciencia, ellos deben tener una ciencia parecida a la nuestra", con la fórmula de Drake en una mano, y el principio de uniformidad en la otra, se han montado verdaderos programas de búsqueda de inteligencia extraterrestre. Enormes radiotelescopios exploran el cielo buscando señales que puedan ser consideradas artificiales (demás está decir que hasta ahora sin ningún resultado).

Se ha construido una verdadera disciplina – la bioastronomía – que se ocupa de rastrear signos y posibilidades de vida fuera de nuestro planeta, o que se plantea problemas sobre cómo enviar una señal de tal manera que se pueda identificar como inteligente, problema nada trivial, por cierto. Incluso se han clasificado a las posibles civilizaciones estelares, según el dominio y el tipo de energía que manejen. Todo el asunto es naturalmente, muy vago, y deja mucho lugar a la imaginación. No obstante lo cual, la convicción de que "efectivamente" somos tan solo una especie inteligente entre muchas esparcidas por el cosmos, y el solo hecho de trabajar sobre esa razonable hipótesis, permite una mirada <desde afuera>, derriba mitos, y destruye cierta – no siempre confesada – creencia en lo eterno e invulnerable de la humanidad. Vale la pena recordar que la fórmula de Green Bank incluye un coeficiente que estima la posibilidad de que <<una civilización tiene que sobrevivir a su propia tecnología>>.

 

COMENTARIO:

Asiduo lector de sus artículos, acostumbrado a la erudición del señor Moledo, a su fina ironía, no puedo menos que estar "bastante sorprendido" ante la lectura de este escrito.

Por empezar, usted comienza desprestigiando la sola suposición de la existencia de seres extraterrestres y lo achaca a la superabundancia de temas de ciencia – ficción.

Sin menoscabar a ésta y sus autores (los hay muy buenos, Bradbury, Azimov, etc.), creo, que si bien es cierto, el tema está "lindando" con la ciencia – ficción, hay asertos científicos que prácticamente confirman que no somos los únicos en éste, nuestro universo. Por otra parte, no podemos pecar de "chauvinismo cósmico" expresando que sólo nosotros tenemos el privilegio de habitar un planeta y ser algo así, como los únicos "seres pensantes".

Desde ya, no le voy a hablar de "marcianos" ni de la "Guerra de los mundos". Tampoco de los monstruos que nos pintan esas historietas y series televisivas que en nada favorecen el correcto aprendizaje de una juventud que necesita y quiere saber más.

Usted habla de inmensas distancias a recorrer, de seres que se molestan en venir acá y poner un pedrusco arriba de otro en Gizeh, en Machu Pichu, etc.

Pero, me permito recordarle que suponemos que seres que disponen de una avanzada tecnología como la evidenciada (aunque usted diga que no hay evidencia...) hace bastante que deben saber utilizar métodos de desplazamiento que para nosotros hasta ahora, son inalcanzables. Recuerde que a una tecnología muy avanzada, se la puede confundir con la magia.

Y no sólo vendrían o hubiesen venido a poner unas cuantas piedras, sino también a constatar que pueden aprovechar o utilizar de este nuestro vapuleado planeta.

Respecto a eso de "poner piedras" o asustarnos con pistolas lanzarrayos, le aclaro:

Existe firmemente la posibilidad de que razas foráneas hayan visitado este planeta, no ahora, pero sí en épocas algo más lejanas y esos exponentes de avanzada, no son sino el producto de enseñanzas y conocimientos que inculcaron, digámoslo así, a la raza que "colonizó" este mundo y de la que somos descendientes.

De ninguna manera creo que el hombre evolucionó a partir de determinada rama de primates, y que su ángulo facial fue modificándose. Acepto y no descarto la evolución de las especies en otras ramas de los seres vivos, pero, en lo que se refiere a la raza humana estoy en completo desacuerdo. Creo que es más que suficiente el hecho que no se ha encontrado (ni se encontrará) el famoso "eslabón perdido", por la sencilla razón, que no existe. El hombre "cayó" a este mundo tal como es hoy, posiblemente un poco más bajo, quizá más expuesto a las enfermedades, por ende de vida más corta, pero hombre al fin, y no primate.

Su cerebro, naturalmente, fue desarrollando su potencial, puesto que debió ponerlo a prueba para vencer las innumerables dificultades para supervivencia en un mundo que le era, hostil e inhóspito.

Como dice el Dr. Alvarez López, destacado físico y matemático (Director del instituto de Estudios Avanzados, Córdoba) y de quien usted seguramente tiene noticias, <El hombre es un extraño, un extranjero en su propio planeta>.

Un sencillo ejemplo: un oso polar, terráqueo, nativo, no necesita de un abrigo extra, el hombre, sí. Hechos como éste, dan la pauta que el lugar de origen del hombre, no a sido precisamente, la Tierra.

¿Y quién lo trajo para poblar el planeta?

Naturalmente, habitantes, seres de otras regiones del universo.

Observo, que en su artículo usted desmerece las teorías de von Däniken. Es posible que algunas pequen por demasiada imaginación... pero... ¿se puede ignorar la ciencia matemática de los cálculos de la gran Pirámide?, ¿se pueden desconocer los conocimientos astronómicos de los Mayas?

Y un hecho llamativo, ¿no es demasiado casual que "todos" los escritos, tablillas, códices, Biblias y libros sagrados hablen de seres venidos de los cielos?... Y es sabido, que toda leyenda, toda fábula contiene un fondo de verdad.

Usted habla de "platos voladores" como una fantasía y puntualiza que no hay ninguna comprobación valedera de su existencia pero me limitaré a darle algunos nombres de distintas personalidades que afirmaron su existencia: Nikola Tesla, Guglielmo Marconi, Albert Einstein, Herman Oberth y Clyde William Tombaugh, James Mac Donald, Morris K. Jessup, Joseph Allen Hynek, Yuri Alexeyévich Gagarin, Gordon Leroy Cooper, Wernher Von Braun, Ronald Reagan, James Earl Carter, U Thant, etc., etc.

No creo que científicos, diplomáticos, mandatarios y astronautas, arriesgaran su prestigio en esa forma, si no estuviesen seguros de sus declaraciones..

Con respecto a planetas y su posible existencia fuera de nuestro sistema solar, me remito a las informaciones que en la actualidad son de dominio público. En el Diario "La Nación" de fecha 17 de abril de 1999 se informaba:

"Hay un sistema planetario como el de la Tierra" – Es el primer caso detectado "hasta hoy – Esta semana, por primera vez en la historia de la humanidad, astrónomos de dos instituciones científicas anunciaron haber detectado indicios de que existen tres planetas girando en torno a una estrella, a 44 años luz de distancia del sistema solar. Es el primer sistema planetario extra solar de que se tenga conocimiento, afirmó aquí David Latham, astrónomo del Centro para la Astrofísica de la Universidad de Harvard que detectó el primer planeta (solitario) fuera de los suburbios de esta parte del universo, en 1995".

"Ahora es más fácil imaginar que en algún lugar del universo habrá mundos habitables. Ese es el real impacto de este hallazgo".

"Desde 1995 hasta nuestros días se han detectado un total de veinte planetas fuera de nuestro sistema solar. Ninguna teoría astronómica predecía hasta ahora que tantos mundos gigantes podrían formarse tan cerca de una estrella. Este hallazgo ya está poniendo en tela de juicio todas nuestras hipótesis sobre la mecánica de la formación de los planetas. Tal vez todas las estrellas tengan compañeros, aunque hasta ahora sólo estamos detectando planetas entre el 3% y el 4% de las que estudiamos. Y debido a que miles de estrellas están siendo estudiadas, posiblemente docenas de planetas serán descubiertas en un futuro no demasiado lejano. <<Esto abre las posibilidades de que exista vida inteligente más allá de nuestro hogar>>".

La noticia, responde al comentario del señor Moledo, referido a los estudios astronómicos, que están basados en la creencia de un universo isótropo en todas direcciones "principio de uniformidad", teniendo en cuenta que todas las regiones del cosmos son idénticas, compuestas por los mismos materiales y sujetas a las mismas leyes. La ciencia astronómica, a detectado en nuestros días "Planetas cantantes y sonantes". Ya no son, "posibilidades, nada más"...

¿Por qué cree usted que hay tantos millones de dólares invertidos en el programa Seti? ¿Por qué se invirtieron tantos millones de dólares en el famoso sistema defensivo destinado a "La Guerra de las Galaxias"?

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