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La Danza de los OVNIs Imprimir E-Mail

La danza de los ovnis

 

Ing. Julio Alberto Bustos Valderrama

San José – Costa Rica

 

Dos milenios de especulación astronómica sobre la configuración del universo terminaron en el siglo XVI, cuando Johannes Kepler comprobó que las órbitas planetarias siguen la sencilla figura de una elipse. Más tarde, Isaac Newton demostró el por qué de esas órbitas elípticas: la gravedad. Ambos nos reiteraron el antiquísimo axioma hermético: "como es arriba es abajo; como es abajo, es arriba", haciendo evidente que, conociendo los principios de la geometría y la física, el hombre puede determinar y medir la órbita y movimiento de las estrellas sin salir de su observatorio. Es decir, aplicando el principio de correspondencia, y razonando de lo conocido a lo desconocido, es posible develar verdades que hasta hoy se nos plantean como incógnitas insolubles.

Pero para poder tener el anhelado acceso a lo desconocido partiendo de lo conocido o lo posible de conocer, razonando como se expresa en el campo de la lógica, debemos primero despojarnos de la soberbia que nos ha llevado a creer que somos los amos y reyes del universo, y a situar en planos o niveles inferiores lo que no es humano o producto del hombre, y a la vez no insistir en que todo lo que disponemos para nuestro disfrute proviene de dioses, a los que también hemos dado formas y límites humanos, que se muestran así agradecidos de nuestra benevolente sumisión a sus designios y mandatos.

No puedo dejar de tener presente que se ha insistido en que la facultad de razonar, por medio de la cual el hombre puede discurrir y juzgar, es "la que distingue al hombre del animal". Es cierto – aseguran los tratadistas – que las especies superiores comparten con el ser humano la capacidad de aprender mediante la observación y la imitación, pero, a diferencia de lo que son capaces de hacer los demás animales, el ser humano elabora intelectualmente ese aprendizaje perceptual, elevándolo a niveles de gran abstracción. El hombre piensa cuando trata de resolver un problema, reflexiona, representa mentalmente las situaciones a través de los conceptos. En lugar de operar directamente con las cosas mismas o sus imágenes, el ser humano abstrae de ellas los "significados", que las representan de forma no sensorial, mediante representaciones abstractas, que pueden ser de la totalidad de las cosas o tan solo de algunas propiedades de ellas, formando así conceptos que el intelecto se encarga de poner en relación mediante juicios y raciocinios. El hombre – insisten – es capaz de pensar, de relacionar una cosas con otras y sus operaciones mentales se hallan separadas de las de los animales por una frontera insalvable: el lenguaje.

 

La inteligencia colectiva

 

Hasta la fecha, es muy poco lo que se sabe sobre las operaciones mentales que estructuran el pensar humano, que hace el hombre cuando piensa. Algunos han tratado de inferir la estructura de nuestras actividades intelectuales tratando de trasponer al plano de las operaciones psíquicas las estructuras de las operaciones de la lógica clásica; otros han evaluado las tácticas y estrategias resolutivas o la introspección. No faltan los que esperan la respuesta de la neurofisiología y los que confían en que la inteligencia artificial, mediante ordenadores y redes neurales, sirva de modelo para establecer la estructura de las actividades intelectuales del ser humano.

La única respuesta aceptada hasta ahora, es que la estructura funcional de las operaciones psíquicas está constituida por factores que corresponden a unidades funcionales de aptitud, a los que denominamos inteligencia. Un factor es un principio dinámico que genera operaciones mentales homogéneas, sean perceptivas, discursivas o motrices. En general, el factor es una aptitud o principio activo que permite al hombre las operaciones mentales.

Hemos considerado la inteligencia una aptitud o capacidad que tiene el carácter de individual y tratamos de medirla mediante los tests de inteligencia. Con mínimas concesiones, aceptamos a veces, que individualmente algunos seres no racionales abstraen y utilizan cierta clase de conceptos, lo que harían en forma rudimentaria, siendo incapaces de articularlos con otras nociones en un proceso de razonamiento.

Renunciar a tales concepciones no resulta fácil, en especial si se pretende considerar que además de la inteligencia individual que nos caracteriza como seres humanos, existe otro tipo de inteligencia: la inteligencia colectiva.

Para formular tal hipótesis, basta con evaluar la tendencia, regularidad o simetría con que se manifiestan las conductas de otros seres que, al igual que los humanos, viven en sociedad, pero que, diferenciándose de nosotros, ofrecen un modelo exitoso de supervivencia y de conducta colectiva y solidaria, aventajándonos en su organización social.

Específicamente, y partiendo siempre del principio "como es arriba es abajo, como es abajo es arriba", he buscado, con los pies sobre la tierra, los antecedentes que podrían hacer comprensibles fenómenos y conductas que hasta ahora han dado soporte a las más disparatadas teorías, junto a otras que bien se integran a una respuesta sensata sobre los extraterrestres. En mi búsqueda descubrí el mundo de las abejas, en especial las melíferas, y contrariamente a lo que muchos opinan sobre las limitaciones de su inteligencia, pues "no tienen mucho que se pueda considerar como cerebro, porque cuentan con apenas unos cuantos millones de neuronas", creo que ha existido menosprecio a la menguada maquinaria mental que cada una de ellas porta, sin advertir que hay demasiadas conductas inteligentes en una colonia para presumir que ellas emanan de una sola inteligencia individual, siendo la inferencia válida que hay una inteligencia colectiva que permite las conductas que nos asombran.

De "La Vida de las Abejas", de Maurice Maeterlinck, tomo la expresión "espíritu de la colmena", y como evidencia de la existencia de una inteligencia colectiva, copio de su obra las siguientes manifestaciones:

"…dispone de las riquezas, de la felicidad, de la libertad, de la vida misma de todo un pueblo alado. Dirige día a día cuántos deben nacer, acomodando su número a las flores que iluminan la campiña vecina. Anuncia a la reina que ha llegado su hora de abandonar el trono, o el momento de marcharse; la obliga a poner en el mundo a sus rivales…

Ese "espíritu" regula el trabajo de cada una de las obreras. Según su edad les va distribuyendo la tarea a las nodrizas encargadas del cuidado de las larvas y ninfas, a las damas de honor destinadas a atender a la reina… a las "ventiladoras" que mediante el batir de sus alas airean y refrescan – o calientan – la colmena toda… a las arquitectos, a las encargadas de la cera, a las escultoras que en cadena se preocupan de construir los panales, a las encargadas de libar que van por los campos en busca del néctar de las flores… del polen… la cera aleda que sirve para tapar toda rendija al tiempo que consolida los edificios de la ciudad, del agua y sal precisas para la conservación juvenil de su nación. Impone su trabajo a las químicas, encargadas de asegurar la buena conservación de la miel… a las dedicadas al sellado del los opérculos, a las barrenderas que mantienen la limpieza escrupulosa; a las necróforas que se llevan bien lejos los cadáveres; a las amazonas del cuerpo de guardia que vigilan la seguridad de la entrada…

…es también el "espíritu de la colmena" el encargado de fijar la hora del gran sacrificio anual… en la que todo un pueblo, llegado al límite de su prosperidad y su potencia, abandona repentinamente a la generación futura todas sus riquezas, sus palacios, sus viviendas, el fruto de sus trabajos, para irse lejos, en busca de la incertidumbre y desamparo de una patria nueva…"

Hasta aquí Maeterlinck. Por mucho que insistamos en tratar de suponer que es el instinto lo que motiva las conductas señaladas, una sola pregunta basta para determinar que éste resulta insuficiente para dar respuesta válida a la pregunta: ¿Quién determina cuántas serán las "ventiladoras", las guardianas, las encargadas de libar o las necróforas?

Esta y otras interrogantes vienen a demostrar que la colonia no actúa bajo instintos que, en el caso de un aumento de temperatura en el colmenar, las llevaría a todas a batir sus alas para refrescarlo, sino bajo una inteligencia que porfiadamente nos hemos negado a aceptar.

Y es posible que el día que descifremos esas incógnitas, también tengamos la respuesta sobre los motivos por los que gran parte de los miembros de la colmena cumplen el tradicional rito de la enjambrazón y abandonan en pleno apogeo su colonia para enfrentar la incertidumbre de la búsqueda de un nuevo lugar para volver a iniciar en él su interminable lucha y posiblemente junto con esa respuesta podamos entender la hasta ahora inexplicable desaparición de los mayas, los constructores de Machu Pichu y otras civilizaciones cuyo éxodo, en pleno apogeo de su cultura, resulta incomprensible para nuestra "inteligencia".

 

La sociedad telepática

 

Para que exista una inteligencia colectiva se hace imprescindible, según mi entender, la existencia de una permanente comunicación telepática entre los individuos que la comparten. Sólo así es posible aclarar el concepto de "espíritu de la colmena" de Maeterlinck.

Uno de los aspectos más interesantes en la vida social de las abejas, para sustentar la hipótesis de la inteligencia colectiva, es la enjambrazón. Sabemos que cuando las abejas entran a su vivienda, se mantienen en el lugar que tienen asignado supuestamente a partir de una decisión compartida, para su género de trabajo. Pero un día hay una señal, un empuje súbito, que lleva a miles de abejas a abandonar la colmena para formar primero una especie de red que flota sobre ella, después se pliega y se dirige, como un solo cuerpo, hacia un árbol cercano donde se ha fijado la reina y forman un racimo que permanece allí, inofensivo y pacífico, en espera de las exploradoras, que desde los primeros minutos de la enjambrazón, se dispersan en todas direcciones para salir en búsqueda de un nuevo lugar donde establecerse.

Resulta imposible, aplicando los módulos humanos de interpretación, comprender cómo las exploradoras al regresar rinden su "informe" y cómo el enjambre elige el lugar hacia el cual se dirigirán finalmente. A veces permanecen en el mismo lugar hasta el día siguiente, pero una vez tomada la decisión, inician un vuelo que nada interrumpe, y se dirigen en línea recta hacia un objetivo ya fijado y siempre muy lejano.

Es evidente el concordio de todos los integrantes del enjambre, pero su decisión necesariamente debe ser adoptada después de "recibir los informes" de las exploradoras y adoptar una decisión sustentada en ellos. ¿Cómo excluir la inteligencia colectiva y la necesaria comunicación telepática entre sus miembros para que, una vez decidido el lugar, todas vuelen en línea recta hacia el objetivo prefijado y siempre lejano?

Que los extraterrestres se comunican telepáticamente entre sí, y muchas veces con nosotros, es una verdad ya aceptada por todos los que se vinculan con la investigación de su presencia en la Tierra.

La posibilidad de comparar el comportamiento de los alienígenas con las conductas de insectos que viven en colectividad, como las abejas y las hormigas, no es nuevo en el campo de la investigación sobre el tema. Así lo ha hecho, entre otros, David M. Jacobs, profesor de historia en la Universidad de Temple, Estados Unidos, y conocido entre los investigadores del fenómeno OVNI por sus trabajos y libros sobre las abducciones, tema sobre el cual es uno de los más afamados expertos a nivel mundial.

La posible similitud, sin embargo, debe ser ampliada a la luz de las conductas de dichos insectos. Así a lo mejor dejaríamos de pensar en "bondadosos hermanitos mayores" que vienen a salvarnos de catástrofes interplanetarias o a pedir que nos arrepintamos de algo que ni siquiera sabemos si hemos hecho, para contar entonces con su colaboración y su avanzada tecnología para desplazar o destruir cuerpos espaciales que amenazan con impactarnos o para poner sus naves a disposición de unos cuantos privilegiados que tendrían a su cargo la futura repoblación de un planeta que se acerca a su destrucción.

Así podría señalar, junto con lo que ya ha manifestado el profesor Jacobs, que los alienígenas, al igual que las abejas, formando parte de una sociedad telepática, no manifiestan sus sentimientos y está ausente en ellos el sentido del amor hacia sí mismos y hacia los demás, y viven sin diversiones, sin música y sin arte, lo que – dice Jacobs – haría de dicha sociedad algo muy aburrido, en la que no le interesa vivir.

Hay que considerar, además, que en una sociedad telepática desaparece la privacidad, lo que lleva a una necesaria modificación de los conceptos sobre el bien y el mal, que no podrían existir tal como nosotros lo entendemos. Junto con la pérdida de la privacidad, también se produce la uniformación de conductas, comportamientos y objetivos, lo que adicionalmente trae consigo la disminución de las cualidades personales por pérdida de la satisfacción personal, relegada por la satisfacción colectiva, objetivo fundamental de una sociedad de telépatas.

 

Un lenguaje coreográfico

 

Al igual que Charles Fort en su "Libro de los Condenados", trato de seguir su línea de pensamiento sobre los peces en las profundidades del mar de los Sargazos, para imaginar que nuestra actitud hacia los alienígenas es similar a la que podrían adoptar nativos que viven en una isla y se sientan en la playa para ver pasar barcos en lontananza. Se llenan de alborozo al verlos de vez en cuando y tratan de reproducir su imagen de acuerdo con sus características externas. Si los tripulantes de esos barcos se acercan a la playa, es posible esperar de ellos las mismas actitudes y comportamientos que, en su época, tuvieron los navegantes que descubrían islas. Algunos desembarcaron para conocer el lugar y sus habitantes; otros se llevaron algunos para mostrarlos como trofeos; no faltaron los que impusieron sus creencias y conocimientos para donarnos su "civilización" y, en fin, tendría que considerar hasta los que, con sus armas, exterminaron inmisericordemente a los nativos, previendo el riesgo que podría significar para ellos una actitud agresiva mientras se apertrechaban de alimentos o agua.

No se podría dejar de lado aquellos que conquistaron los nuevos territorios y esclavizaron a sus habitantes, en toda la gama de variables que puede alcanzar el concepto, aspecto que, al menos en apariencia, no se ha dado en la época moderna con respecto a los visitantes extraterrestres.

Así, vemos pasar OVNIS y los medios de prensa cuentan: "avistamientos en tal o cual lugar", "oleada de OVNIS en…". También organizamos vigilias para poder observarlos, aprovechando la oscuridad de la noche, ya que muchos de ellos se iluminan con fuentes propias o reflejan la luz del sol. A veces también algunos emiten sonidos continuos o generan ondas sonoras como explosiones, al igual que el cañonazo que podría haber disparado algún barco al pasar por las costas de nuestra "isla", para saludarnos o advertirnos de su presencia.

Es necesario entender que las naves que surcan el espacio, al igual que los navegantes de otrora en nuestros mares, no vienen específicamente a nuestro ínfimo mundo para conquistarnos o salvarnos. Posiblemente somos un punto más de observación de los muchos que contactan en sus viajes. Y cuando llegan a nuestro planeta pasan de largo o hacen un alto para observarnos, estudiarnos y a la vez obtener de nuestra tierra algo que ellos necesitan para continuar su camino.

Ahora bien, partiendo del principio hermético de causa y efecto, cabe preguntarse: ¿Por qué razón muchos objetos voladores no identificados, al pasar por nuestro espacio, y posiblemente sabiéndose observados, inician una serie de evoluciones en el aire, que he llamado "la danza de los OVNIS"? ¿Hay acaso la intención de transmitirnos un mensaje para decirnos de dónde vienen y a dónde van, que hasta ahora no hemos podido comprender?

Nuestra lógica, aplicada a la luz de los principios herméticos, nos obliga a pensar en la posible existencia de una causa para esa conducta, quizá un propósito de comunicarnos algo por medio de un lenguaje coreográfico que a la fecha no hemos advertido, ni mucho menos descifrado.

En el símil retórico que hemos imaginado, pensemos que las naves avistadas por los observadores de su paso desde la playa hubiesen intentado decirnos algo o darnos algún mensaje. Para ello habrían usado el código de banderas o el alfabeto Morse, mediante destellos luminosos, tal como los navegantes se comunicaban entre sí antes de la era de las comunicaciones inalámbricas y durante mucho tiempo después del inicio de ellas. Siendo ésta su forma usual de comunicación, es posible que, con la esperanza de que su mensaje se recibiera, muchas de ellas lo habrán usado partiendo del supuesto que su código era comprendido o podía ser descifrado.

Ahora imaginémonos exploradores espaciales que se saben observados desde la Tierra, y quieren enviarnos un mensaje, el que necesariamente ya no podría ser telepático, por no responder a una conducta colectiva. Entonces ellos inician una serie de evoluciones que responderían a una especie de lenguaje coreográfico que, tal vez por estar demasiado arrobados o excitados al verlos danzar ante nosotros, ha sido inadvertido por los observadores.

Insisto en que todo efecto tiene su causa, y al menos por el momento, nada explica las evoluciones y movimientos de los objetos voladores, a menos que aceptemos la hipótesis de que ellos quieren, a través de este "lenguaje", informarnos de algo. La "danza de los OVNIS" debe tener una razón de ser.

Regreso a las abejas para tratar de explicar esta hipótesis. A pesar de que nuestra vanidad nos lleva siempre a considerar como menguada su maquinaria mental, ellas son poseedoras de un lenguaje coreográfico considerado como uno de los más intrincados y explícitos del reino animal. Tal vez el más importante estudio sobre él ha sido el realizado por Karl Von Frisch, quien tardó cuarenta años en escribir el libro "The Dance Language and Orientation of Bees" (Idioma de la danza y orientación de las abejas), publicado en 1965.

Von Frisch las observó danzando en el plano vertical del panal y pudo comprobar que cuando una abeja encuentra una fuente de alimentos, vuelve a la colmena y comunica su hallazgo a otras obreras mediante una danza formada por dos arcos bisectados por una línea central. La abeja inicia una carrera recta, moviéndose de un lado a otro, meneándose y zumbando al avanzar, gira a la izquierda o a la derecha, y regresa al punto de partida formando un semicírculo. Repite la carrera por el medio para formar un nuevo semicírculo por el lado opuesto, regresando al punto de partida.

El científico logró analizar la sintaxis coreográfica y hasta articuló un vocabulario, siendo uno de sus más sorprendentes descubrimientos el que la abeja traza, en su recorrido por el plano vertical del panal, una línea imaginaria que va de arriba hacia abajo, formando un ángulo exactamente igual al que correspondería al trazar una perpendicular entre la fuente de alimento y el sol. Pero además de su danza, la abeja comunica la distancia al lugar donde se encuentra la fuente de alimento, aproximando o separando las dos carreras meneadas, que son simétricas.

Se han elaborado diversas teorías para explicar cómo percibe la abeja dónde está el alimento. Algunos estudios señalan que tal percepción podría explicarse por su sensibilidad al efecto conocido como resonancia nuclear magnética, un efecto de mecánica cuántica, reemplazando así la teoría de que las variaciones en el campo magnético terrestre alteraban el ángulo de las carreras meneadas, debido a la magnetita presente en el abdomen de las abejas, pero hasta ahora no se ha podido explicar su capacidad para triangular tan bien, o mejor que un ingeniero civil, y así convertir percepciones de mecánica cuántica en una danza organizada, es decir, un lenguaje coreográfico.

Es posible que en este lenguaje coreográfico, en esta "danza meneada" de las abejas sobre la Tierra, esté la respuesta a la "danza de los OVNIS" y que sin advertirlo, hemos estado recibiendo información de los navegantes del espacio, que no hemos podido interpretar, porque hemos olvidado que "como es arriba, es abajo" y que no basta con resignarnos a elevar nuestra vista a los cielos para ver pasar los OVNIS, sino que debemos iniciar el estudio del mensaje que nos envían cada vez que "danzan" ante nuestros asombrados ojos.

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