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Mis Tres Avistamientos Imprimir E-Mail

Mis tres avistamientos

 

Sergio Luna

Guadalajara – México

 

[Nota de Carlos Iurchuk: A continuación copio textual los relatos de los avistamientos que tuvo el amigo Sergio Luna. Dichos relatos, el primero ocurrido en Perú y los otros dos en México, me los envió en diferentes e-mails durante marzo y abril de 1998 y por aquel entonces fueron publicados en la editorial de mi página.]

 

Date: Mon, 16 Mar 1998 23:32:41 -0600

 

Hola Carl:

A principios de 1969, en plena era hippie, mi generación sufría y sufría por el dolor ajeno, peor aún, cuestionaba todo y a todos. Eran tiempos de búsqueda y desengaño, de preguntas sin respuesta. Pues bien. Dentro de esta etapa, tu servilleta decidió salir cada vez que podía de Lima y "tirando dedo" se internaba rumbo a puntos altos de la cordillera andina. Por lo general eran los camioneros quienes me daban aventón y yo llegaba a zonas lo más alejadas posible de la "civilización". Iba sin rumbo fijo... hasta donde el destino me llevara.

En uno de esos viajes, llegué a un lugar llamado Pomaticla, en donde existía un área para acampar y en la cual me instalé con mis pocos cachivaches. Era ya de noche y el cielo serrano tachonado de estrellas y el panorama a mi alrededor saturado de luciérnagas, hacían que disfrutara de mi vida de manera incomparable. De pronto dejé que la fogata se extinguiera y que el humo se marchara, recostándome con la mirada al cielo en busca de estrellas y constelaciones.

Estaba en ello, cuando de pronto vi una luz diferente de las demás. Estaba a no más de 300 metros y era plateada y de forma circular. Pensé que era Venus, pero este planeta brillaba al otro lado de mi perspectiva. Además, la luz se movía lenta y rápidamente, de manera intermitente. No había duda, era un ovni. Quedé estupefacto y casi no respiraba de la impresión. Deseaba fervientemente por otro lado, que "la nave" bajara y me llevara consigo (este ha sido un anhelo de toda mi vida), cuando de pronto... otra nave similar se acercó a la primera y ambas parecían que conversaban.

Comprenderás que mi impresión era tal, que hasta sentía el latir de mi corazón acelerado y mis ojos difícilmente parpadeaban. Pues esta "plática de naves" duró cerca de un minuto, cuando una de ellas partió raudamente hacia la derecha de mi visión y la otra... impresionante; ¡¡¡desapareció como por encanto!!! No podía creerlo, estaba anonadado y fijaba la vista con más detenimiento pensando que mi visión fallaba. Desgraciadamente no era así, porque seguía viendo las estrellas y el volar hermoso de las luciérnagas.

Me quedé tumbado tiritando de frío, pero feliz de haber experimentado tal acontecimiento. Di gracias a Dios por haber disfrutado de esa visión y casi al mismo tiempo cerré los ojos para soñar con mundos diferentes y hermosos.

Jamás olvidaré el impacto demoledor de esa noche silenciosa.

Un fuerte abrazo

Sergio

 

Date: Sat, 21 Mar 1998 13:46:52 -0600

 

Von Daniken, Pilar y de como Experimentamos lo Nuevo

 

A mediados de 1974, la película "Recuerdos del Futuro" causaba estragos sobre todo en toda la gente creyente en hechos condenados. Hacía varios años que los libros de Erick Von Daniken provocaban controversia en círculos científicos y de fieles creyentes en los fenómenos extraterrestres y paranormales. Dentro de este contexto, el que esto escribe, acababa de iniciar un curso de Principios de Administración, con alumnos de Administración Turística de una universidad tapatía, cuando conoció a Pilar.

Desde el primer instante que la vi, descubrí que esta mujer no tenía nada de común y corriente. Alta, morena, anchos hombros, labios cuasi leporinos y sobre todo, una mirada impactante y traslúcida que me recordaba a Madame Blavatsky. Comparada con el resto de sus compañeras, a pesar de ser de la misma edad, había vivido mucho más. Un viaje por el Medio Oriente y largas travesías por el México Mágico. Sabía leer el aura y tenía fuerte tendencia a la comunicación telepática. Con cierta frecuencia experimentaba con drogas naturales y era una formidable nadadora.

Al parecer juntamos inquietudes y nuestra unión escapaba de matices materiales y superficiales, propios de la mayoría de la gente. La relación maestro – alumna, se convirtió por tanto en un lazo de amistad que se proyectaba más allá de lo superficial del trato humano, sin llegar a lo afectivo, pero con raíces del compartir profundo.

Se avecindaba el puente de Semana Santa de ese año, cuando Pilar organizó una excursión al mar, pero con la característica de juntar un pequeño grupo de "creyentes" de lo esotérico. La idea era ir a Colima – su pueblo natal, ubicada a 3 horas de Guadalajara – en busca de restos de civilizaciones, que pocas gentes conocían. Lo que hacía súper atractivo el viaje era que esperábamos contactar con un grupo capitaneado nada más ni nada menos por el famoso ex – hotelero suizo, Erick Von Daniken, el "verdugo de los científicos racionalistas".

El viaje atravesó gran parte de la cordillera madre occidental, en medio de profundas cañadas y verdes árboles contentos de solaz y armonía. Por momentos se veían anchas planicies de lagunas secas y por otro volcanes de cúspide blanca y pequeñas fumarolas. Recorríamos el paisaje rulfiano como otrora lo hiciera el genial novelista. Nuestro objetivo, era llegar al pueblo de Comala (símil de la obra "El Llano en Llamas" del inmortal Juan Rulfo). Después de poco más de 2 horas, llegamos al blanco y hermoso, limpio y típico pueblito de Comala, fusión de los colonial e indígena. Era un pueblo solitario y triste, ubicado al pie del volcán de Colima que resguardaba su historia con sus anchos brazos. Estábamos en la placita del lugar disfrutando de dulces típicos y bromeando entre nosotros, cuando de pronto llegó un mensajero del grupo que esperábamos encontrar. Von Daniken no podía venir, pero algún miembro de su grupo de seguidores mexicanos podía intentar el periplo, rumbo a unas cuevas secretas con restos de arqueología extraterrestre.

Inmediatamente conferenciamos para ver si era confiable la propuesta. Pilar fue la que tomó la palabra y sugirió que no fuéramos puesto que según ella, conocía al potencial guía y éste no era confiable. Decidimos por tanto, rechazar la oferta y de inmediato enrumbamos a Manzanillo, viejo puerto herrumbroso del pacífico mexicano. Queríamos disfrutar del sol y la playa, íbamos en 2 vehículos por una atestada carretera bastante angosta y de doble sentido (hoy en día es de 4 carriles); cuando Pilar pidió nos desviáramos por un sendero poco transitado, con el fin de ver un "bonito lugar". Ella decía que el sitio había sido testigo de varias de sus excursiones infantiles y que era muy poco explorado.

Decidimos entonces, internarnos por una brecha muy incómoda más o menos 10 km. hasta llegar a un claro cercano al mar, en donde nos acomodamos para acampar. Al caer la noche y en medio de una lucha sin cuartel contra los zancudos y con tenues fogatas que de poco ayudaban, descubrimos que no estaba Pilar entre nosotros.

Nuestros gritos invocándola se perdían en la bruma de la noche y no obtenían respuesta, así que decidimos esperar un poco más antes de salir a explorar. Estábamos en esas, cuando de pronto sentí una fuerte ansiedad de caminar hacia el poniente del campamento sin mediar motivo alguno. La noche estaba intensamente bella y silenciosa y la selva casi impenetrable. Yo sólo sentía necesidad de caminar y caminar, como impelido por algo más fuerte que yo. Iba sin rumbo fijo, pero a la vez como queriendo encontrar algo nuevo. Al principio, Consuelito, alias "la Gasha" – otro miembro del grupo – me acompañó unos 15 metros, pero luego decidió regresar, no sin antes advertirme de los peligros de mi aventura.

Yo seguía y seguía sin cesar, enredándome con la espesura y arriesgando un piquete de algún bicho ponzoñoso. Por momentos recordaba también, aquella aventura de una chica alemana en pleno Amazonas peruano, de la cual sobrevivió después de casi un mes de vivir en plena jungla. Sin embargo, era algo más fuerte que yo, lo que me impelía a avanzar. Sólo sentía una profunda sensación de vitalidad incontrolable de llegar a algún lado.

Alrededor de los 50 metros, me detuve como autómata y un lugar apenas iluminado por la Luna, vi a Pilar sentada en posición de loto; profundamente concentrada y ensimismada sobre una pequeña roca que enfrentaba al mar. Quedé clavado en mi lugar, sin saber que decir, si llamarla o interrumpirla; no sabía que hacer. De pronto levanté la mirada y en lontananza, vi una nave circular que besaba el mar. Volaba paralela a la playa. Era un plato redondo y ovalado, de color naranja brillante y silencioso. No parecía apurado ni se le veía intención alguna. Sólo pasaba para dejarse ver. Volteé para ver nuevamente a Pilar y verificar si ella había visto lo mismo que yo. Mi amiga, tenía los ojos fijos en el horizonte y su mirada reluctaba ansiedad y brillantez. Definitivamente ella estaba concentrada desde antes que apareciera "la nave" y seguramente sabía que así debería de suceder.

No duró la visión más que unos instantes y casi de inmediato se rompió el encanto. Señalé balbuceando el hecho y Pilar – que casi no parpadeaba – volteó a verme como se ve algún intruso. ¿Lo era?

De pronto espetó: "Mira Sergio, te pido por favor no digas nada a nadie de los que has visto, yo te llamé para que vieras la nave porque tienes mucho interés en estos fenómenos y porque me caes bien, nada más. La gente no es creyente y quiere contactos únicamente por snobismo. Tu no".

Diciendo esto, me abrazó y ambos nos internamos en la espesura, de regreso al campamento.

Han pasado muchos años (24) desde aquel día y creo que ya es tiempo de compartir este acontecimiento con ustedes.

Sergio

 

Date: Tue, 7 Apr 1998 19:32:59 -0500

 

(...) Ahora te envío el que te debía de mi hijo y yo. Espero te guste. Yo con esto termino mis experiencias de ovnis y similares. No he vuelto a ver nada especial, más que el contenido de los programas de Maussán, y tu página del Dragón, que esta súper fregona. jajajaja.

Sergio

 

La lluvia de estrellas

 

Un día de diciembre de 1990, estaba viendo las noticias en TV cuando me enteré que ese mismo día – alrededor de la medianoche – habría una lluvia de estrellas intensa y visible. De inmediato hablé con mi hijo Sergio Pablo que tenía 11 años y era jefe de patrulla de una tropa scout, y le propuse observar el fenómeno, dado que era una ocasión interesante de practicar nuestros conocimientos de astronomía. El estuvo de acuerdo y después de un rato fuimos a la azotea del edificio de departamentos donde vivíamos. Nos ubicamos convenientemente en un murete de cuarto de lavandería decididos a disfrutar el espectáculo de este hermoso fenómeno natural.

No habían pasado más de 30 minutos cuando empezamos a percibir las primeras estrellas fugaces. Estas se desplazaban por los confines del cielo de forma rauda y precisa, como respondiendo el llamado insondable del universo sistemático y sorprendente. El edificio de departamentos en donde residíamos se ubicaba al poniente de la ciudad de Guadalajara, en una zona bastante tranquila, enfrente de una ancha avenida con frondosos árboles y camellones.

Ya habíamos visto algunas estrellas y conversábamos despreocupadamente de las maravillas del cielo y de nuestras aventuras en el movimiento scout, cuando de pronto, desde el nor – poniente vimos que se acercaba una especie de nave voladora que iba a pasar por encima de nosotros. El "objeto" venía despacio y en silencio y atravesó nuestra visión exactamente por arriba de nuestras cabezas y a casi 50 metros de donde estábamos. Pudimos percibir claramente que tenía un diámetro aproximado de 15 metros, tonalidad de un dorado opaco y forma de "bumerán". Pasó con lentitud y se perdió rumbo hacia un centro comercial importante de la ciudad. Sergio Pablo y yo quedamos como estatuas ante la visión y de inmediato y para salir de dudas intentamos comentar datos básicos acerca de ella.

Prácticamente coincidimos en todo, el tamaño del objeto, su color, forma y dirección. Estábamos emocionados y ese día y otros posteriores, comentamos con amigos y conocidos acerca de nuestro avistamiento. Encontramos variadas opiniones sobre el particular. Algunas personas pensaban que habíamos visto una bandada de aves en migración atravesando el cielo y otras creían, que habíamos observado algún pájaro gigante en pleno vuelo nocturno. Más de uno opinó que tuvimos suerte de ver alguna nave secreta de confección humana.

Hasta la fecha, no estamos seguros de lo que fue, pero es interesante hacer notar a manera de cierre, que al pasar el "objeto", o lo que fuera, no percibimos variaciones de tonalidad ni intensidad de colores, ni tampoco sonido alguno – pasó muy bajo – que lo hiciera resaltar.

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