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Inicio arrow Misticismo arrow ¿Qué Es El Budismo? 27 junio 2017
¿Qué Es El Budismo? Imprimir E-Mail
Introducción al Budismo

Todos los seres humanos tenemos un mismo deseo en común: ser felices y no experimentar sufrimiento. Incluso los recién nacidos, animales e insectos también lo tienen. Éste ha sido nuestro deseo principal desde tiempo sin principio y lo sigue siendo en todo momento, incluso cuando dormimos. Dedicamos toda nuestra vida a trabajar duramente para satisfacerlo.

Desde los orígenes de este mundo, los seres humanos han dedicado mucho tiempo y energía a mejorar sus condiciones externas, buscando así felicidad y soluciones a sus muchos problemas. Pero ¿cuál ha sido el resultado? En vez de ver cumplidos sus deseos, los seres humanos han presenciado cómo su sufrimiento ha ido en aumento, al tiempo que disminuyen cada vez más sus experiencias de paz y felicidad. Ello demuestra claramente que nos urge encontrar un verdadero método con el que podamos lograr una felicidad pura y liberarnos del sufrimiento.

El medio verdadero para alcanzar la felicidad pura y la liberación del sufrimiento es la práctica de Dharma. Todas nuestras insatisfacciones y dificultades son el resultado de nuestra mente incontrolada y de las acciones perjudiciales que cometemos. Poniendo en práctica el Dharma podemos aprender a apaciguar y controlar nuestra mente, y a abandonar las acciones indebidas y su causa principal. De este modo podremos alcanzar una paz permanente, la cesación verdadera de todo nuestro sufrimiento.

 

Budismo

El budismo o Budadharma son las enseñanzas de Buda y las experiencias o realizaciones que se adquieren al ponerlas en práctica. Buda impartió ochenta y cuatro mil enseñanzas. Todas ellas, junto con sus respectivas realizaciones, constituyen lo que denominamos budismo. Hay dos clases de budismo: básico y avanzado. Las enseñanzas esenciales del budismo básico se exponen en el resto de la primera parte de este libro, y las más avanzadas, en las partes segunda y tercera.
 
 
 
Comprensión de la Mente

Buda enseñó que todo depende de la mente. Para comprender lo que esto significa hemos de conocer la naturaleza y las funciones de la mente. A simple vista puede parecernos fácil, porque todos tenemos mente y podemos reconocer nuestros estados mentales: sabemos cómo nos encontramos, si nos sentimos felices o desdichados, si tenemos las ideas claras o estamos confundidos, etcétera. No obstante, si alguien nos preguntara cómo funciona la mente y cuál es su naturaleza, lo más probable es que no supiéramos dar una respuesta apropiada, lo que indica que, en realidad, no sabemos lo que es.

Hay quienes piensan que la mente es el cerebro o alguna otra parte o función del cuerpo, pero esto es incorrecto. El cerebro es un objeto físico que se puede ver, fotografiar y someter a una operación quirúrgica. En cambio, la mente no es un objeto material y no se puede ver, fotografiar ni operar. Por lo tanto, el cerebro no es la mente, sino una parte más del cuerpo.

No hay nada en nuestro cuerpo que pueda identificarse con nuestra mente porque son entidades diferentes. Por ejemplo, aunque nuestro cuerpo esté quieto y tranquilo, nuestra mente puede estar ocupada con diversos pensamientos, lo que indica que nuestro cuerpo y nuestra mente no son una misma entidad. En las escrituras budistas se compara al cuerpo con un hostal y a la mente con un huésped. En el momento de la muerte, la mente abandona el cuerpo y viaja a la vida siguiente, al igual que el huésped deja el hostal y se traslada a otro lugar.
Si la mente no es el cerebro ni ninguna otra parte del cuerpo, entonces ¿qué es? Es un continuo inmaterial cuya función es percibir y comprender objetos. Debido a que la mente no es un fenómeno físico y carece de forma, los objetos materiales no pueden obstruirla. Para que nuestro cuerpo llegue a la luna tiene que viajar en una nave espacial, mientras que la mente puede desplazarse a ese lugar en un instante solo con el pensamiento. El conocimiento y la percepción de los objetos es función exclusiva de la mente. Aunque decimos "Yo sé esto o aquello", en realidad es nuestra mente la que aprehende los objetos. Conocemos los fenómenos con la mente.
 
 

Clases de Mente
Es importante que aprendamos a identificar los estados mentales que son apacibles y los que no lo son. Los que perturban nuestra paz interior, como el odio, los celos y el apego, se denominan perturbaciones mentales o engaños, y son la causa principal de todo nuestro sufrimiento. Quizá pensemos que los culpables de nuestros problemas son los demás, la falta de recursos materiales o la sociedad en que vivimos, cuando, en realidad, son nuestros propios estados alterados de la mente. La esencia de la práctica de Dharma y el objetivo principal del adiestramiento en la meditación es reducir y finalmente erradicar por completo todos nuestros engaños y sustituirlos por estados mentales apacibles y virtuosos.
 
 

Busqueda de la Felicidad

Por lo general, buscamos la felicidad en el mundo exterior. Intentamos mejorar nuestras condiciones materiales y posición social, encontrar un trabajo mejor remunerado, etcétera, pero aunque lo logremos, seguiremos teniendo numerosos problemas y no nos sentimos satisfechos. De esta forma, nunca disfrutamos de una paz auténtica y duradera. En sus enseñanzas, Buda nos recomienda que no busquemos la felicidad en el exterior sino en nosotros mismos. ¿Cómo podemos encontrar la verdadera felicidad? Purificando y controlando nuestra mente por medio de la práctica sincera del Budadharma. Si nos adiestramos de este modo, sin lugar a dudas alcanzaremos un estado de paz mental duradero y seremos felices sin depender de las circunstancias externas.

Aunque nos esforzamos por encontrar la felicidad, nunca lo conseguimos y continuamos padeciendo sufrimientos sin cesar. ¿Por qué nos ocurre esto? Porque la causa de la felicidad, que se halla en nuestra mente, la virtud, es muy débil y para que dé sus frutos hemos de poner mucho esfuerzo; sin embargo, las causas internas de los problemas, los engaños, son muy poderosas y producen sus efectos aunque no lo deseemos. Esta es la verdadera razón por la que tenemos problemas sin cesar y no logramos ser felices.
De lo dicho podemos deducir que la causa principal tanto de la felicidad como del sufrimiento se halla en nuestra mente y no en el mundo exterior. Si podemos mantener una mente serena y apacible en todo momento, nunca tendremos dificultades. Si permanecemos en este estado, aunque nos insulten, critiquen o culpen de manera injusta, perdamos el trabajo o nos abandonen nuestros amigos, no lo viviremos dominados por los engaños. Por muy difíciles que sean las condiciones externas, si mantenemos una mente serena y apacible, no nos causarán ansiedad. Por lo tanto, para solucionar nuestros problemas solo tenemos que aprender a mantener un estado mental apacible por medio de la práctica pura y sincera del Dharma.
 
 
 

Las vidas pasadas y futuras

Si comprendemos cuál es la naturaleza de la mente, aceptaremos la existencia de vidas pasadas y futuras. Numerosas personas piensan que cuando el cuerpo deja de realizar sus funciones después de la muerte, el continuo de la mente cesa y esta deja de existir, al igual que una vela se apaga tras consumirse la cera de la que está hecha. Otros creen incluso que si se suicidasen, acabarían con sus problemas y sufrimientos, pero ambas ideas son incorrectas. Como ya se mencionó, nuestro cuerpo y nuestra mente son entidades distintas y, por lo tanto, aunque el cuerpo se desintegre después de la muerte, el continuo mental permanece intacto. La mente no cesa, sino que se separa del cuerpo y viaja a la vida siguiente. En el caso de los seres ordinarios, en lugar de liberarnos de nuestras penas, la muerte solo nos trae nuevos sufrimientos. Debido a que no comprenden esto, numerosas personas, incapaces de soportar más sufrimiento, se suicidan.

En sus enseñanzas tántricas, Buda enseñó una práctica especial llamada transferencia de consciencia a otro cuerpo. Esta práctica se hizo muy popular en el Tíbet cuando el budismo llegó a este país. Uno de los practicantes que la dominó a la perfección fue Tarma Dode, el hijo del famoso traductor y maestro budista tibetano Marpa. Un día, montando a caballo, tuvo un accidente y quedó gravemente herido. Su padre, sabiendo que Tarma Dode dominaba la práctica de la transferencia de consciencia, comenzó a buscar un cadáver apropiado donde pudiera transferir su mente. Como no pudo encontrar el cadáver de un ser humano, recogió el de una paloma para que sirviera de morada temporal a la mente de su hijo. Tarma Dode expulsó la consciencia de su cuerpo moribundo y entró en el de la paloma. A continuación, el cuerpo de Tarma Dode quedó sin vida y el de la paloma revivió. Aunque el cuerpo de Tarma Dode era el de una paloma, su mente seguía siendo la de un ser humano.

Puesto que no quería que su hijo permaneciera en el cuerpo de una paloma, Marpa siguió buscando un cadáver humano. Gracias a su poder de clarividencia, vio que un maestro budista acababa de morir en la India y que sus discípulos habían llevado su cuerpo al cementerio. Marpa le dijo a su hijo que partiera de inmediato hacia ese lugar. Tarma Dode voló a la India en su cuerpo de paloma y cuando encontró el lugar donde habían depositado el cadáver, expulsó su mente del cuerpo de la paloma y entró en el del maestro. El cuerpo de la paloma pereció de inmediato y el del maestro volvió a la vida. Tarma Dode vivió el resto de su vida como el maestro indio Tibu Sangnak Dongpo. Años más tarde, Milarepa, el discípulo principal de Marpa, envió a la India a su discípulo Rechungpa para que recibiera enseñanzas especiales de Tibu Sangnak Dongpo. Cuando Rechungpa regresó al Tíbet, se las transmitió a Milarepa.
Existen numerosos relatos de meditadores del pasado que transfirieron su consciencia a otro cuerpo. Se dice que el mismo Marpa realizó esta práctica en cuatro ocasiones. Si el cuerpo y la mente fuesen una misma entidad, ¿cómo sería posible que estos meditadores transfirieran su consciencia de esta forma? Si escuchamos estos relatos con una actitud receptiva, comprenderemos que la consciencia continúa aunque el cuerpo perezca, y aceptaremos con facilidad la existencia de vidas pasadas y futuras.
 
 
 

Que pasa cuando dormimos

Otro modo de demostrar la existencia de vidas pasadas y futuras es analizando el proceso de dormir, soñar y despertar, por su semejanza al de la muerte, el estado intermedio y el renacimiento. Cuando nos dormimos, nuestros aires internos burdos se reúnen y disuelven en nuestro interior y nuestra mente se vuelve cada vez más sutil, hasta que se manifiesta la mente muy sutil de la luz clara del dormir. Cuando esto sucede, experimentamos el sueño profundo y, externamente, parece como si estuviéramos muertos. Después, nuestra mente se va haciendo otra vez más burda y pasamos por los diferentes niveles del estado del sueño. Finalmente, al recuperar la memoria y el control mental, nos despertamos. En ese momento, nuestro mundo onírico desaparece y percibimos de nuevo el mundo del estado de vigilia.

Cuando nos morimos, ocurre un proceso similar. Al morir, los aires internos se disuelven en nuestro interior y nuestra mente se vuelve cada vez más sutil, hasta que se manifiesta la mente muy sutil de la luz clara de la muerte. La experiencia de la luz clara de la muerte es parecida a la del sueño profundo. Cuando la luz clara de la muerte cesa, experimentamos las etapas del estado intermedio o bardo en tibetano, que es como un estado onírico que ocurre entre la muerte y el renacimiento. Pasados unos días o unas semanas, el estado intermedio cesa y, entonces, renacemos. Al despertar de un sueño, el mundo onírico desaparece y percibimos el mundo del estado de vigilia. Del mismo modo, cuando renacemos, las apariencias del estado intermedio cesan y percibimos el mundo de nuestra nueva vida.

La diferencia principal entre el proceso de dormir, soñar y despertar, y el de la muerte, el estado intermedio y el renacimiento, consiste en que cuando la luz clara del sueño cesa, se mantiene la conexión entre la mente y el cuerpo, mientras que cuando la luz clara de la muerte cesa, la conexión se rompe. Esta es otra prueba de la existencia de vidas pasadas y futuras.
Por lo general, pensamos que los objetos que aparecen en los sueños no son reales, mientras que los que percibimos cuando estamos despiertos sí lo son; pero Buda dijo que todos los fenómenos son como sueños porque no son más que meras apariencias en la mente. Para aquellos que saben interpretarlos de manera correcta, los sueños pueden revelar ciertos significados. Si, por ejemplo, soñamos que visitamos un país en el que nunca hemos estado, puede indicar lo siguiente: que estuvimos en ese lugar en alguna vida pasada, que lo visitaremos más adelante en esta vida o en una futura, o que hemos tenido alguna relación con él recientemente, como haberlo visto en la televisión, haber recibido una carta procedente de allí, etcétera. De igual modo, si soñamos que volamos, puede significar que en alguna vida pasada fuimos un ser que podía volar, como un pájaro o un meditador con poderes sobrenaturales, o tal vez sea una predicción de que lo seremos en el futuro. Soñar que volamos también puede tener un significado menos directo y simbolizar, simplemente, una mejoría de nuestra salud física o mental.




Historias sobre vidas pasadas

Con la ayuda de mis sueños pude descubrir dónde había renacido mi madre. Unos minutos antes de morir, mi madre se quedó dormida y, al despertar, le dijo a mi hermana, que en aquellos momentos le atendía, que había soñado conmigo y que en el sueño yo le ofrecía un pañuelo blanco tradicional, que en tibetano llamamos khatag. Para mí, este sueño predecía que yo iba a ayudar a mi madre en su siguiente vida. Después de su muerte, recé todos los días para que renaciera en Inglaterra, donde yo vivo, y poder así tener la oportunidad de volverme a encontrar con ella y reconocer su reencarnación. Cada día rogué con devoción a mi Dharmapala (Buda protector del Dharma) que me mostrase señales claras de dónde había renacido mi madre.

Poco después tuve tres sueños muy significativos. En el primero, soñé que encontraba a mi madre en un lugar que parecía ser Inglaterra. Le pregunté cómo había viajado desde la India hasta allí y me contestó que no venía de la India, sino de Suiza. En el segundo sueño, vi a mi madre hablando con un grupo de personas, me acerqué a ella y, aunque le hablé en tibetano, no me entendió. En vida, mi madre solo hablaba el tibetano, pero en el sueño hablaba inglés perfectamente. Le pregunté si había olvidado el tibetano, pero no me respondió. Luego, en ese mismo sueño vi a una pareja de occidentales que ayudan a establecer centros de Dharma en Gran Bretaña.

Los dos sueños parecían indicar el lugar donde mi madre había renacido. Dos días después del segundo sueño, el marido de la pareja con la que había soñado vino a verme para anunciarme que su mujer estaba embarazada. En ese momento, recordé el sueño y pensé que su hijo podría ser la reencarnación de mi madre. El hecho de que en el sueño mi madre hubiese olvidado el tibetano y hablase solo en inglés sugería que iba a renacer en un país en el que se hablase este idioma, y la presencia de esta pareja en el sueño podía indicar que ellos iban a ser sus padres. Entonces, decidí hacer una adivinación tradicional, que en tibetano llamamos mo, y el resultado reveló, sin lugar a dudas, que este bebé era la reencarnación de mi madre. Aun así, decidí mantenerlo en secreto.

La misma noche en que llevaron a la mujer al hospital para dar a luz, volví a soñar con mi madre repetidas veces. A la mañana siguiente, tomé una determinación: "Si ha dado a luz esta misma noche, no hay duda de que se trata de la reencarnación de mi madre, pero en caso contrario seguiré investigando". Después, llamé por teléfono al marido, que me dio la buena noticia de que su mujer había dado a luz esa misma noche a una preciosa niña. La noticia me llenó de alegría y, en señal de agradecimiento a mi Dharmapala, hice una puyha (ceremonia) de ofrendas.

Unos días después, el padre me telefoneó y me dijo que cuando el bebé lloraba, si le recitaba el mantra de Buda Chenrezsig, OM MANI PEME HUM, dejaba de hacerlo y lo escuchaba con atención. Me preguntó por qué lo hacía y le contesté que era debido a las impresiones de su vida pasada, pues mi madre tenía mucha fe en este mantra y solía recitarlo a diario.

La niña recibió el nombre de Amaravajra. Más tarde, cuando Kuten Lama, el hermano de mi madre, vino a Inglaterra por primera vez, se quedó asombrado de lo cariñosa que era con él y dijo tener la impresión de que lo reconocía. Yo también tuve la misma sensación. Aunque no visito a Amaravajra muy a menudo, cuando lo hago, se alegra mucho de verme.

Un día, cuando Amaravajra empezaba a hablar, al ver un perro dijo señalándolo con el dedo "Kyi, kyi", y cada vez que veía un perro solía llamarlo así. Su padre me preguntó por su significado y le contesté que en el dialecto del oeste del Tíbet, donde mi madre vivía, kyi significa 'perro'. Además de esta palabra, también emitió otras en tibetano.
Más tarde supe, a través de mi cuñado, que después de la muerte de mi madre, un astrólogo había predicho que nacería como una mujer en un país de lengua diferente a la tibetana. Este suceso que acabo de relatar forma parte de mi propia experiencia, pero podemos encontrar otros casos auténticos de personas que han reconocido la reencarnación de sus maestros, padres, amigos y otros seres. Si contemplamos estos relatos y reflexionamos sobre la naturaleza de la mente y las experiencias oníricas, nos resultará más fácil aceptar la existencia de vidas pasadas y futuras.



¿Qué es el karma?

La ley del karma es un ejemplo especial de la ley de causa y efecto que establece que nuestras acciones físicas, verbales y mentales son causas, y nuestras experiencias son sus efectos. La ley del karma enseña por qué cada individuo posee una disposición mental, una apariencia física y unas experiencias únicas. Estas son los efectos de las incontables acciones que cada uno ha realizado en el pasado. Puesto que no hay dos personas que hayan realizado las mismas acciones en vidas pasadas, nadie puede tener los mismos estados mentales, experiencias y apariencia física que otro. Cada ser posee su propio karma individual. Algunas personas disfrutan de buena salud y otras sufren enfermedades sin cesar. Unas tienen un físico atractivo y otras no. Algunas siempre están alegres y se conforman con poco, mientras que otras suelen estar de mal humor y nunca están satisfechas. Algunas personas entienden con facilidad el significado de las enseñanzas espirituales, pero otras las encuentran difíciles y oscuras.

La palabra karma significa 'acción' y se refiere principalmente a nuestras acciones físicas, verbales y mentales. Las acciones que efectuamos dejan huellas o impresiones en nuestra mente muy sutil que, con el tiempo, producen sus correspondientes resultados. Nuestra mente es comparable a un campo de siembra, y las acciones que cometemos, a las semillas que en él se plantan. Las acciones virtuosas son las semillas de nuestra felicidad futura, y las perjudiciales, las de nuestro sufrimiento. Estas semillas permanecen ocultas en nuestra mente hasta que producen su efecto, cuando se reúnen las condiciones necesarias para su germinación. Además, desde que se realiza la acción original hasta que maduran sus consecuencias, pueden transcurrir varias vidas.

Como resultado de nuestras acciones o karma, renacemos en este mundo impuro y contaminado y tenemos problemas y dificultades sin cesar. Nuestras acciones son impuras porque nuestra mente está contaminada por el veneno interno del aferramiento propio. Esta es la razón principal por la que experimentamos sufrimiento. Este es producido por nuestras propias acciones o karma y no es un castigo impuesto por nadie. Sufrimos porque hemos cometido numerosas acciones perjudiciales en vidas pasadas. El origen de estas malas acciones son nuestras propias perturbaciones mentales, como el odio, el apego y la ignorancia del aferramiento propio.

Cuando hayamos eliminado de nuestra mente el aferramiento propio y demás engaños, nuestras acciones serán puras. Como resultado de estas acciones, nuestras experiencias, nuestro mundo, cuerpo y disfrutes, y los seres que nos rodean, también serán puros. No quedará ni el menor rastro de sufrimiento, impureza ni dificultades. De esta manera, encontraremos la verdadera felicidad en nuestra mente.


Características generales del karma

Por cada acción que realizamos, experimentamos un efecto similar. Cuando un granjero planta semillas de una planta medicinal, brotará esta planta y no una venenosa; y si no siembra nada, no recogerá ninguna cosecha. Del mismo modo, si realizamos acciones virtuosas, disfrutaremos de felicidad; si cometemos acciones perjudiciales, experimentaremos sufrimiento; y si realizamos acciones neutras, los resultados serán neutros.

Por ejemplo, si padecemos enfermedades mentales es porque en el pasado hemos molestado a los demás, y si tenemos una enfermedad física es porque los hemos maltratado o herido con un arma, administrado medicinas equivocadas u ofrecido alimentos venenosos. Si no hemos creado la causa kármica para enfermar, es imposible hacerlo aunque estemos en medio de una epidemia que esté causando estragos a nuestro alrededor. Aquellos que han alcanzado el nirvana, por ejemplo, no experimentan sufrimiento físico ni mental porque han dejado de cometer acciones perjudiciales y han eliminado sus potenciales, la causa principal del sufrimiento.

La causa principal de la pobreza es robar. Las causas principales de estar oprimidos son haber tratado con orgullo a personas de posición inferior a la nuestra, haberlos maltratado o exigido sus servicios, o haber despreciado a los demás en lugar de amarlos y haber sido bondadosos con ellos. Las causas principales del sufrimiento de tener que separarnos de nuestros familiares y amigos son acciones como seducir a la pareja de otra persona o poner a sus amigos o trabajadores en su contra.


La Causa de Nuestros Problemas

Por lo general, pensamos que nuestros problemas son causados por las circunstancias propias de la vida. Puesto que de este modo no es posible entender la verdadera razón de nuestras desgracias, a menudo pensamos que no nos las merecemos y que vivimos en un mundo injusto. En realidad, la mayoría de nuestras experiencias son el resultado de acciones que cometimos en vidas pasadas.

La siguiente historia extraída de las escrituras budistas nos ayudará a comprender que nuestras experiencias tienen su origen en vidas pasadas, y que los resultados de nuestras acciones van aumentando con el tiempo, al igual que una pequeña semilla se convierte en un gran árbol. Había una vez una monja llamada Upala que antes de su ordenación había experimentado mucho sufrimiento. Se casó tres veces, pero todos sus maridos e hijos habían fallecido de manera violenta y sus padres también murieron en un incendio. Después de sufrir tantas desgracias, Upala generó un intenso deseo de liberarse del sufrimiento y le contó a Buda su triste historia. Este le explicó que en su vida anterior había sido una de las mujeres de un rey y que debido a sus celos había interferido en las relaciones de este con las demás. Estos celos eran la causa de sus calamidades. A continuación, Buda le enseñó cómo purificar la mente y, gracias a que practicó con sinceridad sus instrucciones, alcanzó el nirvana en esa misma vida.

Si reconocemos que es inevitable que nuestras acciones produzcan resultados y que estos se incrementan, tomaremos la resolución de abandonar hasta la más pequeña acción negativa y practicar la virtud. Para consolidar nuestra decisión, meditamos en ella sin distracciones. Si podemos recordarla en todo momento, nuestras acciones físicas, verbales y mentales serán cada vez más puras y finalmente dejaremos de crear causas para padecer sufrimiento en el futuro.

 

Acciones siempre tienen resultados

Si no realizamos una determinada acción, no experimentaremos su resultado. Cuando los soldados van a la guerra, unos mueren y otros sobreviven. Estos últimos no se salvan debido a su valentía, sino porque no han creado la causa de perder la vida en esa guerra. En la prensa podemos encontrar a diario numerosos relatos similares. Cuando un terrorista pone una bomba en un edificio, unos mueren y otros resultan ilesos aunque hayan estado cerca de la explosión. En los accidentes aéreos o cuando un volcán entra en erupción, unas personas mueren y otras escapan de manera milagrosa. En estos casos, los mismos supervivientes se sorprenden de haberse librado de la muerte, mientras que otras personas que estaban a su lado habían perecido.

Las acciones de los seres sintientes nunca se pierden aunque pase mucho tiempo antes de experimentar sus resultados. Las acciones no se desvanecen por sí mismas ni las podemos traspasar a otros, intentando evadir nuestra responsabilidad. Aunque las intenciones que iniciaron nuestras acciones pasadas han cesado, los potenciales que dejaron en nuestra mente no desaparecerán hasta su maduración. La única manera de eliminar los potenciales perjudiciales antes de que maduren en forma de sufrimiento es practicar la purificación por medio de los cuatro poderes oponentes.

Por desgracia, resulta fácil perder nuestros potenciales virtuosos, puesto que si no dedicamos nuestras buenas acciones, pueden ser destruidos en un solo instante de odio. Nuestra mente es como un gran cofre, y nuestras acciones virtuosas, como joyas preciosas. Si no las protegemos con oraciones de dedicación, cuando nos enfademos será como mostrar nuestro tesoro a un ladrón.


Clases de acciones

Aunque hay innumerables acciones físicas, verbales y mentales, todas pueden incluirse en tres: virtuosas, perjudiciales y neutras. Las prácticas de la generosidad, la disciplina moral, la paciencia, el esfuerzo en el adiestramiento espiritual, la concentración y la sabiduría son ejemplos de acciones virtuosas. Matar, robar, mantener una conducta sexual incorrecta, mentir, causar desunión con la palabra, pronunciar palabras ofensivas, chismorrear, la codicia, la malicia y sostener teorías erróneas son acciones perjudiciales. Las tres primeras son físicas, las cuatro siguientes, verbales, y las tres últimas, mentales. Además de estas diez acciones perjudiciales, hay otras, como maltratar o torturar a los demás. Cada día también realizamos numerosas acciones neutras. Cuando vamos de compras, cocinamos, comemos, dormimos o descansamos sin ninguna intención en particular, estamos realizando esta última clase de acciones.

Todas las acciones perjudiciales son contaminadas porque están motivadas por los engaños, en particular, la ignorancia del aferramiento propio, y lo mismo ocurre con la mayoría de nuestras acciones virtuosas y neutras. Cuando, por ejemplo, nos adiestramos en la disciplina moral, nos aferramos a un yo con existencia inherente que la practica, por lo que esta virtud sigue siendo contaminada.
Nos aferramos a un yo y un mío con existencia inherente en todo momento, día y noche. Esta mente es la ignorancia del aferramiento propio. Cuando estamos avergonzados o atemorizados, nos enfadamos o nos sentimos orgullosos, nuestro sentido del yo aumenta. El yo al que nos aferramos en estas situaciones es el yo con existencia inherente. Incluso cuando estamos relajados y tranquilos, seguimos aferrándonos a este yo, aunque con menor intensidad. Esta mente de aferramiento propio es el origen de las demás perturbaciones mentales y la causa de nuestros problemas. Para liberarnos de ellos debemos comprender que el yo con existencia inherente al que nos aferramos con tanta intensidad no existe en absoluto, nunca lo ha hecho y nunca lo hará. No es más que una mera invención de nuestra ignorancia del aferramiento propio.



La preciosa existencia humana

El potencial de nuestra existencia humana es ilimitado, pero no podemos desarrollarlo sin antes apreciar su valor. Para ello, hemos de reflexionar una y otra vez sobre la oportunidad tan especial de que ahora disponemos. Si sentimos un profundo aprecio por nuestra preciosa existencia humana, tomaremos la firme determinación de utilizarla de manera provechosa. Entonces, nuestra vida se llenará de significado.

La mente tiene ochenta y cuatro mil engaños y todos ellos producen sufrimiento mental y malestar interior. Esta enfermedad de la mente no tiene principio y hasta que no eliminemos nuestras perturbaciones mentales no tendrá fin. Si no superamos el apego, por ejemplo, permanecerá en nuestra mente como un deseo insaciable y nos producirá constante insatisfacción. De igual modo, las demás perturbaciones mentales, como el odio, los celos y el egoísmo, nos harán sufrir cada vez que se manifiesten.

Aunque hemos padecido estas enfermedades internas desde tiempo sin principio, ahora tenemos la oportunidad de eliminarlas. Buda impartió ochenta y cuatro mil instrucciones para curar estas enfermedades, y los humanos, a diferencia de otros seres, tenemos la oportunidad de recibirlas y de ponerlas en práctica. De esta forma, gracias a las enseñanzas de Buda, podemos utilizar nuestra vida para reducir nuestros engaños de manera gradual, junto con el sufrimiento y el dolor que causan, y finalmente erradicarlos por complete

Con la mente de un ser humano podemos comprender y aceptar la existencia de vidas pasadas y futuras. Esta comprensión nos ayudará a preocuparnos menos por los asuntos mundanos y a tener en cuenta el bienestar de nuestras vidas futuras. Llegaremos a la conclusión de que si deseamos obtener renacimientos afortunados, hemos de crear en esta misma vida las causas para ello.
Deberíamos seguir el ejemplo del príncipe Sidharta, que dedicó su vida a practicar el Dharma para alcanzar la iluminación total. Si reconocemos el gran potencial de nuestra existencia humana, nos sentiremos muy afortunados y no la echaremos a perder en actividades sin sentido, sino que extraeremos su esencia adiestrándonos en el Dharma.


¿Qué es la meditación?

El corazón de la práctica de Dharma es la meditación. El propósito de la meditación es pacificar y calmar la mente. Cuando nuestra mente está serena, dejamos de tener preocupaciones y problemas, y disfrutamos de verdadera felicidad. En cambio, si carecemos de paz mental, por muy agradables que sean las condiciones externas que nos rodean, no podemos ser felices. Si nos adiestramos en la meditación, iremos descubriendo en nuestro interior cada vez más paz, serenidad y felicidad pura. Finalmente, gozaremos en todo momento de felicidad, aunque tengamos que enfrentarnos con circunstancias adversas.

Por lo general, nos resulta difícil controlar nuestra mente. Es inestable y vulnerable a las circunstancias externas, como un globo a merced de los caprichos del viento. Si conseguimos nuestros objetivos nos ponemos contentos, pero en caso contrario nos enfadamos. Por ejemplo, si adquirimos un objeto que deseábamos o entablamos una nueva amistad, nos alegramos en exceso y nos aferramos a ellos con intensidad, pero como no es posible cumplir todos nuestros deseos y es inevitable que algún día habremos de separarnos de nuestras posesiones y amigos, este apego solo nos produce sufrimiento. Cuando no logramos lo que deseamos o perdemos algo que nos pertenece, nos enfadamos y desanimamos. Cuando tenemos que trabajar con una persona que nos resulta desagradable, nos ponemos de mal humor y nos ofendemos a la menor ocasión; como consecuencia, dejamos de ser eficaces en nuestro trabajo y de encontrar satisfacción en él, y padecemos estrés.

Sufrimos estos cambios en nuestro estado de ánimo porque nos involucramos demasiado en las situaciones externas. Somos como niños que se emocionan al construir un castillo de arena en la playa, pero se ponen a llorar cuando las olas lo destruyen. Por medio de la meditación, aprendemos a crear un espacio en nuestro interior y una flexibilidad y claridad mentales que nos permiten controlar nuestra mente sin que nos afecten los constantes cambios en las circunstancias externas. De manera gradual, adquirimos una estabilidad mental que nos permite estar siempre felices, en lugar de oscilar entre los extremos de la euforia y el desaliento.
Si practicamos la meditación con regularidad, finalmente lograremos eliminar las perturbaciones mentales, la causa de todos nuestros problemas y sufrimientos. De este modo, disfrutaremos de paz interna permanente, lo que se conoce como la liberación o nirvana en sánscrito. A partir de entonces, día y noche, vida tras vida, solo experimentaremos paz y felicidad.

Como se medita

La meditación es el método para familiarizar la mente con la virtud. Es una consciencia mental que analiza un objeto virtuoso o se concentra en él. El objeto virtuoso es aquel que apacigua nuestra mente cuando lo analizamos o nos concentramos en él. Si, como resultado de contemplar un objeto, generamos perturbaciones mentales, como odio o apego, significa que no es virtuoso. También hay objetos neutros que no producen en la mente efectos favorables ni desfavorables.

La meditación puede ser de dos tipos: analítica o de emplazamiento. Cuando contemplamos o estudiamos el significado de cualquier texto de Dharma que hayamos leído o escuchado, estamos realizando una meditación analítica. La contemplación profunda de esta enseñanza nos conducirá a una determinada conclusión o a generar una actitud mental virtuosa. Esta conclusión o actitud mental será el objeto de la meditación de emplazamiento. Cuando hayamos encontrado el objeto deseado por medio de la meditación analítica, debemos concentrarnos en él sin distracciones durante tanto tiempo como podamos para familiarizarnos con él. Esta concentración convergente es la meditación de emplazamiento. El término meditación suele utilizarse para hacer referencia a la meditación de emplazamiento, y contemplación, para mencionar la meditación analítica. La meditación de emplazamiento depende de la contemplación, y esta, de la escucha o lectura de las enseñanzas de Dharma.

La primera etapa de la meditación consiste en disipar las distracciones y lograr cierta claridad y lucidez mentales. Esto puede lograrse con un ejercicio sencillo de respiración. Primero elegimos un lugar tranquilo para meditar y nos sentamos en la postura tradicional, con las piernas cruzadas una sobre la otra, o en cualquier otra posición que nos resulte cómoda. Si lo preferimos, nos podemos sentar en una silla. Lo más importante es mantener la espalda recta para evitar caer en un estado de somnolencia.


Ejercicio de meditación

Mantenemos los ojos entreabiertos y enfocamos nuestra atención en la respiración. Respiramos con naturalidad a través de los orificios nasales, sin pretender controlar este proceso, e intentamos ser conscientes de la sensación que produce el aire al entrar y salir por la nariz. Esta sensación es nuestro objeto de meditación. Nos concentramos en él e intentamos olvidar todo lo demás.

Al principio, descubriremos que nuestra mente está muy ocupada y es posible que pensemos que la meditación la agita todavía más, pero, en realidad, lo que ocurre es que comenzamos a darnos cuenta del estado mental en que nos encontramos normalmente. Además, tenderemos a seguir los diferentes pensamientos que vayan surgiendo, pero hemos de intentar evitarlo y concentrarnos en la sensación que se produce al respirar. Si descubrimos que nuestra mente se distrae con pensamientos e ideas, hemos de volver de inmediato a la respiración. Repetimos este ejercicio tantas veces como sea necesario hasta que la mente se concentre en la respiración.

Si practicamos de este modo con paciencia, nuestras distracciones irán disminuyendo y experimentaremos una sensación de serenidad y relajación. Nuestra mente se volverá lúcida y espaciosa, y nos sentiremos restablecidos. Cuando el mar está encrespado, el sedimento del fondo se agita y el agua se enturbia; pero cuando el viento cesa, el lodo se deposita en el fondo de manera gradual y el agua se vuelve transparente. Del mismo modo, cuando por medio de la concentración en la respiración logramos calmar el flujo incesante de las distracciones, nuestra mente se vuelve lúcida y clara. Entonces, intentamos permanecer en ese estado de calma mental durante un tiempo.

Aunque este ejercicio de respiración no es más que una etapa preliminar de la meditación, resulta muy eficaz. Esta práctica es una prueba de que podemos experimentar paz interior y satisfacción con solo controlar la mente, sin tener que depender de las condiciones externas. Cuando la turbulencia de las distracciones disminuye y nuestra mente se calma, surge de forma natural un sentimiento profundo de felicidad y satisfacción que nos ayuda a resolver los problemas de la vida diaria. La mayoría de las dificultades y las tensiones que sufrimos tienen su origen en la mente y muchos de nuestros problemas, como la mala salud, son provocados o agravados por el estrés. Si practicamos la meditación en la respiración durante diez o quince minutos al día, podremos reducir nuestro estrés. Entonces, experimentaremos una gran sensación de tranquilidad y bienestar, y nuestros problemas se desvanecerán. Sabremos manejar mejor las situaciones difíciles, nos sentiremos más cerca de los demás, seremos más atentos con ellos y nuestras relaciones mejorarán.





 

 

 


 

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Ayrton   |2010-10-07 05:37:30
Lindo texto, gracias por el esfuerzo de hacerlo
Anónimo   |2009-11-19 16:01:18
El budismo el la mejor religion que existe

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